La carretera

 

 

epv0023-copy

                           Ana Muller                      

 

Al dar el portazo, Marga sintió un vendaval sacudirla. En la fuga, los pies sobrevolaban los peldaños. Pétalos de cerezos en flor cubrían gradas de tierra húmeda recién labrada. Las venas resecas se hinchaban de savia. Las escaleras le alejaban vertiginosamente del aburrimiento liso del marido, voz monocorde tristemente previsible. En el rellano Marga se paró en seco. Luis, bolita suave, dormido bajo el edredón. Lo sentía moverse dentro de ella, tensando la tripa en colinas suaves. Se dio la vuelta y empezó a subir  sujetándose a la barandilla. El frío del mármol le traspasaba los zapatos, el aire escaseaba. Llegó a la puerta, sacó la llave, introduciéndola en la cerradura. Apoyó la frente contra la madera, hiriéndose al dar un cabezazo de rabia. El pesado manojo se cayó al suelo, con ruido de metralla. Por la ancha mirilla, meticulosamente agujereada, sintió una respiración con cadencia de metrónomo bloquear la suya. Una violente sacudida la despegó de la puerta y huyó  escaleras abajo. El corazón muerto volvió a latir a sacudidas irregulares enrojeciendo la tez de cera. Las llaves del coche tintinearon en el bolsillo abriendo la cancela de una carretera perdida y salvaje carente de semáforos y de pasos a nivel escondidos bajo capas de pañales.

 

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s