Hortensia

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El jardín de atrás. Antonio López

Hortensia cerraba por última vez la puerta de su casa. La madera de pino había ido cediendo dejando en el suelo de losetas rojas unos arañazos en forma de abanico. Agarró con las manos deformadas por la artrosis el pomo de la puerta y empezó a arquear la espalda hacia atrás luchando con los tablones desvencijados.Se incorporó de golpe al oír el chirriar de las ruedas de una excavadoras acercándose. Mañana derribarían la colonia de casitas asilvestradas.
Había pasado la tarde montando guardia sentada encima de su silla de enea deshecha por el uso. La parra que su marido había plantado cuarenta años atrás, la había protegido del sol de otoño. Un racimo de uvas se escondía debajo de las hojas cubiertas de mildiu. Extendiendo el brazo lo había alcanzado y había comido los frutos: estaban arrugados y casi marrones. El sabor dulce impregnó su paladar derritiendo muros de olvido. Su cabeza se llenó de las risotadas de los niños jugando a chapas delante de casa. Se vio juntando su silla con las de las vecinas para hacer labores de costura y charlar un rato. Sintió la mano rugosa de su marido acariciar tiernamente la tripa abultada y confiarle en tono cómplice su proyecto de agrandar la casa. Era albañil y sabía de lo que hablaba. Los pellejos de las pasas estaban duros. De tanto chuparlos se habían vuelto amargos. Hortensia los escupió. Desraizó con mimo sus geranios plantados en latas pintadas de rojo y amarillo. Los metió en unas bolsas de plástico y empezó a andar lo más deprisa posible.
Llegó al piso de su hijo, Portal 2, Bloque C, Escalera B, 5ºF, donde vivía y trabajaba de sol a sol. Se dirigió a la cocina. Dejó las bolsas en el suelo, se sirvió un vaso de agua y se asomó a la ventana. La ventana, de PVC y doble cristal, no tenía alfeizar.

6 pensamientos en “Hortensia

  1. Cuanto pesa la edad, cuan amarga la soledad de los recuerdos ajados, vulnerables a los líos de los jóvenes, figuras irremediables del futuro.

    ¿Para qué invertir tiempo y esfuerzos para alargar la vida si somos incapaces de hacerla mejor?

    Un abrazo desde la cordura de los Locos Datar

    • Los indios americanos cuando sentían la muerte próxima o la vida carente de interés se iban a morir al monte en absoluta soledad. Ahora resultaría imposible. Por lo que tengo entendido hasta la más remota cueva esta abarotada!

    • Al igual que usted encuentro que los detalles son a veces más elocuentes que nuestro discurso o nuestro entorno. Saludos y gracias por seguir leyéndome.

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