Papallacta se escribe con M de melancolía

 

Ecuador 068

A 3.500 metros de altura escasea el oxigeno. Ha llovido toda la noche. El sendero está embarrado. Las botas de goma adhieren al lodo con ruido de ventosa. Pequeños desprendimientos de tierra dificultan el paso. Unas casitas de bloque de hormigón a medio hacer, salpican el páramo borrascoso. Las ventanas carecen de cristales. Las puertas de tablones desvencijados,  golpean los marcos en un crujido intermitente y monótono. Delante de las fachadas, prendas de colores vivos y desteñidos, cuelgan de cuerda distendidas. Una indígena vieja baja al pueblo midiendo sus pasos, la vista clavada en un cubo de plástico azul rebosante de leche. Anda encorvada apoyada sobre un bastón de madera sin pulir. Un sombrero de fieltro negro de ala estrecha cubre su melena blanca enredada por el viento, sombreando unas arrugas profundas y entrecruzadas, mapa cruel de pobreza y de hambre. Al acercarse a los 4.000 metros la respiración se hace pesada, el andar torpe, el pensamiento lento. Una cabaña solitaria con techo de paja, pegada contra el flanco pelado del volcán, rezuma humedad. Un poco más lejos, cercano a un árbol, palo desnudo y retorcido, brota un manantial de aguas turbulentas con sabor a azufre.

8 pensamientos en “Papallacta se escribe con M de melancolía

  1. Así es el mundo, aquí, allá, siempre es mundo. Por diferentes que sean costumbres, parajes o credos. Con más o menos oxígeno.
    Ocurre que lo maneja un casero desastroso.

    Cuídate.

    Moi

    • Acabo de llegar a Galapagos. Los niños juegan felices en el agua con un amigo cariñoso y rechoncho, un león marino!
      Una niña encantada

    • waw Carla! Cada día me gusta más América del Sur por sus contrastes a veces desgarradores, su belleza y su gente!

  2. Dear Anne… Tienes mucha razón en sentirte así. América es una tierra de embrujo, en donde es tanta la variedad y los contrastes que no alcanza la conciencia para asimilar lo que experimentas de una vez, y lo es en todos los aspectos, porque rompe todos los esquemas y estereotipos preconcebidos de los visitantes… Y aún tienes mucho que ver y sentir.
    Saludos y que sigas disfrutando.

  3. entonces la anciana llama a su hijo, un punguillo resuena a lo lejos, parece un flautista de algún lejano cuento. El eco de las melodías llenan de nostalgia a Papallacta.

    Qué bien que te haya gustado estar por aquí. Saludos.

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