Elucubraciones veraniegas (7)

Omaha beach

La espalda se hunde en la arena tibia de la playa./
Tras las gafas negras, en la punta del pitillo, círculos de humo,/
diluyen el mar en una  isla  posible y misteriosa./
No  la de Houellebecq, olvidada y polvorienta,/
sino la de Julio Verne reluciente con su rayo verde./
Alrededor hablan de cine. Abrazos rotos./
El  mar se retira y vuelve, ola inmensa,/
hendiduras grises de buques de guerra./
Un hombre repetido, avanza de frente,/
fusil engrasado, dedo fundido al gatillo,/
los ojos en la nuca./
Mil botas alineadas hundidas en la piel, sudan hiel,/
Enganchadas en parpados esquinados./
En los bordes, globos oculares se deshilachan en racimos opacos./
Orugas mecánicas derriban andamios de osaturas rotas./
Las metralletas mutan. Bazokas de bocas negras,/
desintegran corazones blandos, colgajos  de miel/
quebrantada, en la luz subterránea de maniquís de cera./
El hombre calco pisa el freno, apaga el contacto,/
Se siente vivo porque ha matado./
Invadido por un sueño plano, se va a la cama,/
larva amaestrada enroscada a su maestra,/
masas encefálicas calientes de sangre reseca./

4 pensamientos en “Elucubraciones veraniegas (7)

    • Eres muy benevolente conmigo Carla! Pero tu apreciación me hace feliz.

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