La escalera.

 

Maurice Pittet

¡Maldita sea!, masculló Silvia, al comprobar que por mucho que apretara el interruptor, los halógenos de vestíbulo no se encendían. Se dirigió hacia el ascensor guiada por la luz incierta de una farola situada a escasa distancia de la puerta acristalada del portal. Al pulsar el botón, no se deslizaron las puertas de acero brillante. Presa de rabia, Silvia estampó las llaves contra el suelo de losetas. El ruido metálico rebotó en los recovecos del inmueble deshabitado convirtiéndose en un martilleo de ecos agudos. Era la primera vez que se iba la corriente desde que Antonio y ella se habían ido a vivir al ático, en el mes de septiembre. Y también la primera vez que Antonio no dormía en casa por hallarse de viaje. Silvia queriendo apaciguar el sentimiento de ausencia, sacó el móvil del bolsillo y marcó el nombre de su compañero. Una voz cálida le contesto al momento y al siguiente enmudecía, a falta de batería. Silvia maldijo su mente olvidadiza con voz chillona. Las paredes le devolvieron un alarido. Trastornada, convirtió sus imprecaciones en un soliloquio murmurado : mira Antonio, ya te dije que no querría trasladarme aquí, que me daba igual que fuera una ganga, que vivir en un edificio vacío, en medio de unas obras sin acabar, ¡maldito pocero!, no es vida. ¡Silvia, que el piso es una maravilla, 150 metros rodeados de terrazas! Sí, con vistas a una escombrera. Mujer ya verás, en cuanto pase la crisis, volverán a construir, tendremos vecinos. ¡Puede, pero de momento solamente tenemos al portero!… Silvia, pero si es muy amable y servicial. Antonio, servicial no es la palabra, la palabra es… es, escurridizo, empalagoso hasta la nausea. Y cuando abre la boca, apesta. Dices halitosis y yo digo rata. Sí señor, rata, y además podrida. ¿Sabes qué Antonio?, voy a coger las llaves, voy a respirar hondo, voy a iniciar la escalada, voy a llegar a casa en un tiempo record y mañana hablaremos. Envalentonada Silvia subió el primer tramo de escaleras a paso de carga guiada por las luces verdes de emergencia. En el rellano se paró para recobrar aliento. Silvia, al vivir en el quinto y último piso, había cogido siempre el ascensor, por lo tanto se encontraba en territorio desconocido. El espacio estaba bañado por una luz azulada proveniente de una ventana situada frente a la escalera y al hueco del ascensor. En cada lateral, dos puertas de contrachapado. Silvia, al pensar en los espacios vacios que la rodeaban se subió el cuello del abrigo. Al oír unos arañazos detrás de una de las puertas, Silvia se quedo paralizada, deslumbrada por un flash portentoso: allí vivía el portero. Nunca había mencionado tener un perro y Silvia jamás lo había visto, ni oído un ladrido…de repente rememoró el olor aborrecido. Silvia empujada por sus músculos tiesos como fustes, empezó a subir el segundo tramo, convirtiendo la línea quebrada de los peldaños en una línea continua subida al galope. Al llegar al cuarto piso sus pies tropezaron contra el último escalón. Su cuerpo exhausto chocó sobre el suelo helado. El corazón, comprimido entre el diafragma tenso y las costillas encogidas bombeaba duramente en las sienes. Silvia husmeó el ambiente. Olía a escayola húmeda y a frío. Ni rastro de podredumbre. Al ponerse de pie, agarrándose al poyete de la ventana, notó dolor en el tobillo izquierdo. Afuera unas hileras de farolas alumbraban calles bordeadas de solares cubiertos de basura donde grúas se perfilaban sobre un cielo sucio cargado de lluvia. Las gotas, al caer sobre los andamios que todavía rodeaban la casa, metían ruido de metralla. Silvia, aferrada a la barandilla, emprendió el último tramo. El pie se le hinchaba por momentos. El desamparo y el miedo habían limado sus fuerzas. Resoplaba como un batracio a falta de oxigeno. Al llegar a su rellano, donde solamente había una puerta, la suya, ninguna ventana, pero sí un espejo, volvió a chillar al adivinar una figura agazapada en la oscuridad verdosa. Tardó unos largos segundos en darse cuenta que la amenaza encorvada y deforme era su propio reflejo. Después de varios intentos consiguió meter la llave en la cerradura. En la penumbra del piso Silvia empleo sus últimas energías en bloquear la puerta con el cerrojo. A pesar del ruido emitido por la lluvia al golpear el tejado, Silvia empezó a recobrar cierta serenidad y de no ser porque unas garras pringosas se clavaron en su cintura mientras un aliento fétido corroía su cuello, Silvia se hubiera dejado caer en posición fetal sobre la mullida alfombra blanca.

34 pensamientos en “La escalera.

  1. Me asombras sin lugar a dudas. Me saco el sombrero frente a este remata absolutamente inesperado y digno de Hitchcock.
    Tensionante, con cada peldaño y nada!! si me has dejado perpleja y hasta aterrorizada diria. Soberbio señora, soberbio.

    • chieseli, te agradezco los elogios aunque me parecen un tanto excesivos!
      Pero a nadie le amarga un dulce, así que estoy muy contenta. Ya me dijo nuestro amigo Eduard que lo mío era el relato negro y yo sin hacerle caso!
      Un abrazo de una super miedosa.

  2. Ah, Anne que estupendo relato. He sentido la fatiga y el desespero. Alguien escribió que las escaleras siempre nos llevan a pensar en sensaciones extremas de miedo y opresión. Lo que no dije es que podemos escribir tambien espléndidos relatos.
    Salut

    • micromios, me alegro que te haya gustado el relato ya que responde a una iniciativa tuya. A ver si se enteran más amigos blogueros y se apuntan al proyecto. Es muy divertido, me lo he pasado muy bien escribiendo sobre un tema común: la escalera. Y me lo voy a pasar estupendamente al leer las ocurrencias de cada uno.
      Un saludo.

  3. ♒Tensión, suspense, rabia…todo dentro de uno y sin saberlo. Ha veces veo actores de los que pienso que harían mejor sus papeles en la comedia, por otro lado hay comediantes tan expresivos, que pienso este sería un excelente actor para hacer de mal⚉.
    ✱ Como yo me entiendo y el mensaje está entre líneas; o no. Ahí lo dejo, con el habitual membrete de loco con el cual me anticipo a mi verdadera bipolaridad múltiple.

    ♡Un beso.♡
    Yo con Minoría Absoluta.

    • Eduard, como me has dicho alguna vez que lo mío es escribir relatos de suspense, esto es lo que leo entre lineas. Lo malo es que al ser muy miedosa me tiembla el pulso cuando escribo este tipo de relatos!
      Te mando un abrazo…tembloroso.

  4. Escaleras, escaleras, escaleras…
    Oye, ha sido toda una aventura tu relato, logras contagiar al lector con emociones, con sensaciones, todo un ganchazo! siento que estuve al lado de Silvia, compartiendo su frustración al no poder ayudarla a levantarse… Mágica creación la que has hecho.

    y seguimos con las escaleras.. a ver hasta dónde nos llevan.
    Saludos!

  5. Al final de la escalera encontraréis la respuesta.
    Al final de la escalera es una película de suspense muy buena, siento no recordar al director ni el nombre del principal actor, ahora mismo,….es el que hizo Patton, es…lo tengo en la punta de la lengua….y podría currármelo con el gogel, pero son las 8 de la mañana y hoy es domingo, tengo prensa y la trilogía de Primo Levi para leer, así que..También le prometí a mi rapaz que hoy, a primera hora, jugaríamos al béisbol. No queremos matar al primer anciano que se cruce con el trayecto de tiro.
    Mi peque et moi.
    Forever

    De Vago Subido a futura Dama Carismática

    • Perdona Eduard si te contesto tan tarde pero en lo alto de la escalera me esperaba, como dicen los ingleses, un pequeño pero matón break down. Esta noche me encuentro mejor y te mando un abrazo.

  6. Pingback: la escalera del fondo. « no entiendo nada.

  7. Casi me pierdo tu relato Anne, y no me lo hubiera perdonado. No voy a repetir todo los elogios anteriores, los cuales comparto, por supuesto, solamente quiero decirte, y decirles a todos que la experiencia fue magnífica. Leyendo todos sus relatos no sólo los disfruté, sino que aprendí muchísimo de tan buenos autores.
    Buena suerte y más que suerte!

  8. Pingback: Bajar, subir « TIEMPOS DE NADIE

  9. Escrito tenso, ritmado, com folego. Parece-me mais perto do sonho do que do real, tanto pela forma como sobretudo pelo seu final. Poderia-se acordá-la no final, não lhe dando, porém, a consciencia desse acordar. Como quando acordas e ficas uns momentos na dúvida de o onde estás.
    Uma “broma”. Ainda há mulheres que deixam os maridos comprar pisos de que não gostam…? Se há, merecem este pesadelo…

  10. Pingback: En la escalera « Concha Huerta – Arte y cultura

  11. Xico, gracias por asomarte a una escalera poco recomendable. Creo que tienes razón, esta escalera es más acorde al mundo de los sueños…pesadillas! que al mundo real.
    Te mando un abrazo. .

  12. Pingback: -10 escaleras- « Micromios's Blog

  13. Pingback: Una escalera de diez peldaños. « David Silva

  14. Veo que mi “escalón”, de todos los que forman esta escalera, puede ser el menos trabajado de todos.

    Me ha encantado la intriga de tu relato, Anne.

    Un saludo.

  15. Pingback: Escalones para una bella escalera « Emi Eat World

  16. Pingback: 12 escalones. « no entiendo nada.

  17. Pingback: Doce peldaños. « efímero

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