Asesinato en Facebook.

Momias de los amantes de Teruel.

El día en el que aceptó la petición de amistad de Jessica García, nada hacía presagiar a Felipe Cantalapiedra que la chica retratada en el perfil de Facebook, iba a terminar tres meses más tarde embalsamada en su taller. ¿Pero cómo un hombre en su sano juicio hubiese podido pensar que una contable de veinticinco años de facciones anodinas iba a resultar ser la peor pesadilla de su vida?

Felipe tenía treinta años. Su madre había fallecido al dar a luz. Su padre había inculcado a su hijo único el amor a un oficio que, en la familia Cantalapiedra, se transmitía de generación en generación. Taxidermista. La conjugación del aprendizaje precoz de su profesión con la de un carácter introvertido había convertido a Felipe en un hombre solitario. Absorto por su trabajo que más que un trabajo, era su razón de ser, no se sentía en absoluto desdichado. Enganchado a Internet, se pasaba los escasos ratos de ocio chateando con su padre, jubilado en Benidorm, y navegando en la red. Sin embargo echaba de menos algún que otro ligue. Era tan tímido que al intentar entablar una conversación con una desconocida empezaba a tartamudear, las gafas se le empañaban y, delante de semejante bochorno, optaba por la retirada. Había comentado su problema a un cliente, con fama de Don Juan. – Facebook no es mal sitio para ligar y al entablar una relación virtual previa a la primera cita, te sentirás menos cohibido -. Lo había añadido a su red de contactos. El resultado no se había hecho esperar. A los pocos días le llegaba una primera petición de amistad, la de Jessica García.

Jessica, trabajaba de contable en una empresa dedicada al almacenaje de hierro. Encerrada en un cubículo adosado a la nave, se pasaba el día frente al ordenador dando la espalda a sus dos compañeras. Jessica, de carácter dominante pero sobre todo cambiante, (pasaba de la apatía a la cólera sin motivo aparente), les había caído mal desde el primer momento. Empezaron a hacer reflexiones sobre su extrema delgadez y cuando se dieron cuenta que a Jessica, le daba por arrancarse el pelo, las reflexiones se convirtieron en burla, hecho que no la afectó. Daba por hecho que el mundo estuviera en su contra. Además en cuando pudiese, dejaría de trabajar, se casaría y tendría hijos. Esa era su meta. Hasta ahora no había tenido suerte. Hacía parte de esa categoría de personas que producían rechazo. Hasta en sus padres. Hartos de sus ataques de violencia, después de pegarle varias veces a su madre, la habían puesto de patitas en la calle. Jessica, había cambiado de ciudad de inmediato. No deseaba volver a ver a sus progenitores. Ellos la habían concebido, educado ¿Que culpa tenía ella de ser la hija de unos inútiles? ¡Nadie elige su familia! Pero ella, Jessica, crearía una a su medida.

Cuando, al rastrear Facebook, vio la foto de Felipe Cantalapiedra, residente en la misma ciudad y leyó su perfil, supo que estaba cerca de lograr su objetivo. Después de unos cuantos chateos quedaron en verse en una cafetería del centro. Cuando Felipe contempló a Jessica, esperándolo de pie, al lado de la barra, se quedó de piedra. La cara de osatura ancha, correspondía al rostro de la foto, pero nada lo había preparado para recibir el impacto del cuerpo esquelético que lo sostenía. De no ser por la expresión de deseo y adulación que desprendían los ojos de esa mujer, expresión absolutamente nueva y embriagadora, Felipe se hubiera dado media vuelta y habría salido corriendo.

 

Felipe no solamente se quedó con Jessica, sino que aceptó su proposición de acompañarlo a casa, encantado de constatar que el tartamudeo no había entorpecido la incipiente conversación y que sus gafas seguían sin empañar. Durante el camino la chica no paró de hablar. Poco acostumbrado a las mujeres, aceptó como normal el tono de voz chillón. Normal, pero cargante.

Cuando entraron en el cuarto de estar, Jessica dejó escapar un gritito asustado. Decenas de ojos de cristal la escrudiñaban escondidos en los recovecos de la habitación irregularmente iluminada por la luz rojiza del sol en su ocaso. Mientras Felipe le explicaba cual era su profesión, Jessica se iba arrimando poquito a poco a su costado emitiendo de nuevo grititos, pero esta vez, admirativos. Felipe empezaba a sentirse francamente a gusto. Encendió la luz. Una fauna variopinta abarrotaba el espacio. De las paredes colgaban cabezas de jabalíes, de ciervos. Perdices, ardillas y estorninos cubrían las mesas. Lo que más le gustó a Jessica fue un periquito azul, recuerdo de la difunta madre de Felipe, y lo que menos, un zorro acechando a un gallo, obra del propio Felipe. Cuando Jessica le preguntó como realizaba su trabajo, esquivó la respuesta contestándole que lo llevaba a cabo en el sótano acondicionado para este menester.

Un oso polar, pieza clave de la colección, y obra maestra de un antepasado, adornaba el dormitorio. Situado frente a la cama, Felipe lo contemplaba todas las noches, henchido por el orgullo de pertenecer a una saga de artistas. Jessica, simulando estar asustada por la mirada fiera del oso, se abalanzó con tal ímpetu en los brazos de su anfitrión, que cayeron los dos encima del colchón. Las costillas famélicas de Jessica se incrustaron en la tripa de Felipe, unas manos que más parecían garras de ave, empezaron a desvestirle, unas piernas huesudas se enredaron alrededor de la cintura, mientras una lengua helada le lamía la cara. Las gafas se empañaron por completo cuando, el taxidermista que siempre anidaba en su cabeza le sugirió que esta pieza necesitaba demasiado relleno para salirle rentable. Felipe se deshizo del nudo corredizo de un empujón y tartamudeando. Jessica, con el vestido camisero abierto de par en par se asemejaba a un triste despojo. Mientras se abrochaba la bragueta, atribuyó sus prisas a un encargo urgente esperándole en el sótano. Jessica se despidió con un mohín, según su criterio muy sexy, (lo había ensayado numerosas veces delante del espejo), susurrando al oído de su amor…¡¡¡cariño, ha sido maravilloso!!! ¿Nos vemos mañana? Felipe esquivó el beso, eludió la cita del día siguiente y avisó que tenía la semana copada por exceso de trabajo. Se despidió con un evasivo, hasta pronto, que para él equivalía a un rotundo adiós. La mirada que le había seducido una hora antes, le daba asco. Se le antojaba fluorescente, larvas anidando en carnes descompuestas. Nos mantendremos en contacto en Facebook, fueron las últimas palabras de Jessica, amortiguadas por el espesor de la puerta.

Avanzada la noche, terminado el vaciado de una mofeta, Felipe, abrió el ordenador, navegó un rato por la red, se metió en Facebook, donde ya tenía unos cuantos contactos, la mayoría gente de su gremio o cazadores. Cual no fue su sorpresa al descubrir que Jessica había colgado en la página principal las fotos de ambos atravesadas por una flecha tirada por un Cupido con cara de cerdito y un comentario anunciando el principio de un apasionado noviazgo.

 

Y apasionante resultó ser el noviazgo. Para Jessica. Al día siguiente llegó eufórica al trabajo. La mirada perdida en la pantalla del ordenador, empezó a balancearse rítmicamente de atrás hacía delante. Con voz ida canturreaba – ayer por la tarde encontré el amor de mi vida, mi vidaaa… Sus compañeras le preguntaron con tono burlón, como podía afirmar tal cosa cuando apenas había ocurrido. Jessica volteó la silla giratoria con violencia y les contestó con las mandíbulas prietas que cuando este tipo de cosas le sucede a una, lo sabe. Se paró en seco y empezó a articular despacio y con mucho énfasis – lo de la descarga eléctrica, en mi caso, de cien mil voltios, no es una imagen, es una certeza. -¿Compartida, la descarga?- Preguntaron con sorna dos voces al unísono. Jessica, fuera de sí, agarró lo primero que encontró encima de la mesa, la grapadora, y con gesto amenazante, les chilló que la dejaran en paz. Acto seguido, se levantó de la silla y pegó un portazo. Se pasó el resto del día colgando en Facebook, declaraciones pasionales, componiendo versos, mandando corazones, besos y flores al objeto de su amor.

Muy a su pesar Felipe miraba la página de Facebook a diario como quien contempla un ente extraño. Sacudía la cabeza con gesto impotente, pensando que la mejor respuesta a esta invasión era optar por la táctica del avestruz, quizá por estar disecando una. Triste asociación de ideas, pensaba mientras tiraba las vísceras del pajarraco. Al cabo de una semana se vio avasallado por mensajes personales preguntándole si le faltaba mucho por acabar su trabajo. Absorto en la tarea de reconstruir el bicho, no les prestó atención. Jessica, enfurecida por el desprecio, estuvo a punto de estropearlo todo. Ir a su casa. El recuerdo de un ligue dado a la fuga por atosigamiento atravesó su mente. Optó por cambiar de estrategia. Este hombre sería suyo de por vida, bien podía esperar un par de semanas en volver a verlo.

Felipe iba recobrando paulatinamente la calma en su sótano forrado de azulejos blancos. Buscaba con ahínco dar al avestruz un gesto natural, devolver el lustre a las plumas, dotar a los ojos del brillo original .Y lo conseguía. Cuando observaba a sus semejantes, le asombraba como muchos de ellos tenían un aspecto mucho más mortecino que sus animales disecados.

Jessica en cambio se pasó la primera semana encerrada en casa, pisoteando con rabia las losetas del piso. 553 losetas contadas miles de veces de forma obsesiva. Cuando se equivocaba en el cálculo y sobraba o faltaba una, estrellaba contra el maldito suelo cualquier objeto a su alcance. La segunda semana la pasó arrancándose pelos de la cabeza de forma metódica. Su único alimento consistió en unas manzanas y litros y litros de agua. De pura desnutrición se le hincho la tripa. Al verse en el espejo tuvo la certeza de estar embarazada.

Sin pensárselo dos veces lleno la página de Facebook de patucos, anunciando la buena nueva. Para más seguridad mandó un mensaje a Felipe.¡¡¡¡Cariño, vas a ser papa!!!!

Cuando Felipe leyó el mensaje, no se cayó porque ya estaba sentado. Contestó de inmediato.

-Apenas nos conocemos, no pasó nada entre nosotros, así que déjame en paz y basta ya de locuras.-

-A Jessica no se le pone de patitas en la calle así como así, malnacido, y menos con tu hijo creciendo en mis entrañas – farfullaba Jessica mientras merodeaba alrededor de la casa de Felipe. La noche estaba oscura, al acercarse a la ventana iluminada del cuarto de estar, se tropezó contra las raíces de un árbol. Felipe, recostado en la butaca, oyó un crujido. Pensó que era otra vez el perro del vecino mientras tomaba su quinto whisky. La bebida había conseguido aplacar los nervios. Preso de sopor, cayó en un sueño plomizo.

 

Las pezuñas del avestruz le raspaban la cara. El eco de un grito rebotó en su cabeza. Felipe hizo un esfuerzo para abrir los párpados. Pesaban como losas. Una mancha se hacía y deshacía en la neblina de sus ojos desenfocados. Unos sonidos pegajosos se colaron por su oído precedidos por un aliento con olor a bilis. La mancha se fue convirtiendo en una calavera recubierta por un pergamino ajado a punto de estallar bajo el empuje de una osamenta afilada. Dos canicas enfebrecidas lo escrudiñaban desde lo más profundo de unos cuencos negros. Cuando Felipe logró asociar la voz del discurso incoherente a la de Jessica, supo que no estaba preso de una pesadilla etílica sino de una visión real. Pegó un brinco y empujó a Jessica con tal violencia que el cuerpo famélico se estampó contra el suelo como el de una marioneta dislocada, se incorporó de inmediato, arqueada por la ira. La sangre manaba a pequeños borbotones de un corte en el cuero cabelludo, empapando colgajos de pelo. De un manotazo arrampló con unas perdices, cuidadosamente colocadas encima de una mesa. El ruido de los pájaros estrellándose contra las losetas retumbó en el cerebro de Felipe. El polvo de las plumas desagregándose atascó su garganta. Agachó la cabeza justo a tiempo para esquivar un grupo de ardillas pegadas a unas ramas de resina. Furioso, Felipe saltó del asiento para abalanzarse sobre su obra más pesada, un zorro y una gallina unidos en una base de cemento. Tiró la carga con la destreza de un lanzador de jabalina contra la tripa usurpadora convertida en blanco. Al derrumbarse, Jessica emitió un sonido de cañería rota.

Felipe no dudó mucho a la hora de preguntarse como deshacerse del cadáver. Después de haberlo enfriado en la cámara frigorífica y puesto un rato en remojo, lo embalsamaría. Una vez terminado el trabajo, escondería la momia dentro del oso polar disecado. La costura de la panza estaba en mal estado. De todos modos, la hubiese tenido que restaurar. Mataría dos pájaros de un tiro.

El despojo de Jessica, alumbrado por focos de quirófano, yacía tumbado encima de una camilla de acero. El escalpelo brillaba listo para rasgar la piel. Un rasgado seco en el cuello seguido por un corte longitudinal hasta el monte de Venus. Dos cortes desde las ingles hasta la punta de los pies. Otros dos desde las axilas hasta las manos. El vaciado de vísceras, músculos y grasas, así como extraer el agua de los tejidos al fin de evitar cualquier amago de putrefacción, era cuestión de paciencia y buen oficio. Felipe tardó más de lo previsto en cumplir la tarea. La limpieza del cráneo resultó complicada, la piel del rostro, al ser tan fina, estuvo en varias ocasiones a punto de quebrarse. Se sintió aliviado cuando consiguió colgar el pellejo de un gancho. Tardaría un par de semanas en secar, podría construir sin agobios un esqueleto, andamio necesario para sujetar el envoltorio de Jessica.

Antes de acostarse, duchado y afeitado, examinó detenidamente al oso polar, la pieza más preciada de su colección. A pesar de estar algo deteriorado, seguía siendo una obra de arte. Tenía que dar lo mejor de sí mismo para que el contenido estuviera a la altura del continente.

Felipe, experto en anatomía y convertido en escultor, fue elaborando un delicado esqueleto de madera y alambre.

Una vez la piel rehidratada y curtida, Felipe la extendió encima de su mesa de trabajo, una mesa que su madre, costurera de profesión, usaba para labores de corte y confección. Colocado el esqueleto dentro de su funda, empezó la fase más creativa, la del relleno. Al no existir en el ámbito de la taxidermia moldes de poliuretano con contornos humanos, se vio obligado a recurrir a la técnica artesanal empleada por sus antepasados. Eligio el algodón por la suavidad de su textura. Moldeó piernas estilizadas, brazos contorneados, un vientre liso y duro, un talle fino y flexible, unos pechos para poder abarcar en las palmas de sus manos y un trasero redondeado.

Quedaba el rostro. Basándose en la foto del Facebook, fue reconstituyendo los rasgos. No pudo resistirse en acentuar los pómulos ni en redibujar una boca más pulposa. Cuando terminó el relleno, el rostro parecía otro. Le cogió tiempo decidirse por el color de los ojos. Se decantó por un cristalino verde agua orlado de negro. Confeccionó unas pestañas espesas y curvas, una melena cobriza y ondulada y se pasó horas buscando pigmentos adecuados hasta lograr una tez de Madonna renacentista.

Cuando después de días de arduo trabajo, el taxidermista contempló su obra acabada, el hombre cayó fulminado bajo los encantos de su mujer ideal.

Se pasaba horas contemplándola calentando con sus caricias la piel suave y tersa alentado por la sonrisa seductora de Jessica. Las horas se fueron convirtiendo en días, semanas y meses. Atormentado por la pasión que lo devoraba y lo enclaustraba en una vía sin salida, dejó progresivamente de comer. Bajo los efectos del ayuno tuvo una visión sobre el camino a seguir. Para dejar constancia de la metamorfosis de Jessica, después de haberla vestido con el traje de novia de su madre y haberla sentado encima de una butaca, Felipe cogió la cámara fotográfica y empezó a disparar. Colgó decenas de fotos en Facebook y anunció que, después de un breve noviazgo, tenía la alegría de hacer partícipe a sus amigos de su enlace con la bellísima señorita Jessica García.

Tres meses después de haber conocido a Jessica, Felipe la tomó en sus brazos, abrió la puerta de la cámara frigorífica y la cerró. Tumbó a su amada sobre el suelo brillante, se acurrucó a su lado prendido a su cintura y bajo una luz azulada emprendieron una eterna luna de miel.

Fin.

42 pensamientos en “Asesinato en Facebook.

  1. Sensacional final Anne, y sensacional me parece la idea de meter al cadaver embalsamado en el oso !

    Yo soy muy de criticar y este relato me ha encantado 😉

    PD: Una cosilla solo: te has informado de como se embalsama ? Me ha sonado un poco raro el método del protagonista por historias que me contaba un forense.

    • Gracias charradetas por este comentario sincero. En cuanto a lo de embalsamar, me he informado como he podido, en google por supuesto, de como se disecaban animales, no seres humanos. Deseaba que Jessica fuese tratada como un animal. Ahora, seguro que he cometido un montón de errores. Omisiones sobre el proceso, seguro, porque al tratarse de un relato corto, el añadir muchos detalles técnicos hubiese convertido el texto en muy pesado por no decir, indigesto! Así que elegí los elementos que me convenían.

  2. Cual forense literaria nos has embalsamado un relato entre negro y amor loco que se conservará caliente en el frigorífico. A mi me suena real el método, sea cierto o no. Y eso es lo que importa al lector.

    • minicarver, para quitarme de lios, voy a decir que el embalsamiento descrito en el relato, es un método de última generación puesto a punto por la narradora!

  3. Vaya final tan espeluznate, me recuerda a los cuentos de terror de Poe. Conseguiste que se me encogiera el estómago. Espero que hayas podido descansar despues de liberarte de una historia como esta. Habias escrito otros cuentos parecidos antes? parece que llevaras toda la vida en ello. Un saludo.

    • Concha, no me da nada de miedo contar historias así. Escritas, no tengo ninguna, contadas oralmente a familiares y amig@s, un montón, una afición que surgío en la infancia.
      Un saludo,

  4. Excellent dear Anne… Me gustó. Creo que tu historia no decayó en ningún momento resultando un placer leerla.
    Uno de tus comentarios me trajo a la memoria a una amiga de mi niñez, Margarita, a quien rodeábamos en el recreo de la escuela para oír sus historias de terror. A mí me producían pesadillas, a otros niños el llanto en plena narración pero aún así no se iban. De no ser tu nombre Anne hubiera creído que eras ella.
    Gracias por el susto
    Saludos

    • Dear Michaelangelo, tienes la facultad de hacerme reir! Gracias. Cuando les decía a mis hijos,- mama os va a contar una historia antes de dormir, me contestaban -vale mami, pero por fi ,que no sea de sustos. Al fin, una no se rehace!
      PS: he empezado a leer tu libro, de momento me está gustando mucho. Cuando lo terminé, te comento con detalle.

    • rub, te agradezco haber seguido el cuento hasta el final, así como la felicitación. Me encantaría saber que dirección le hubieses dado, me gusta saber lo que se esconde en la imaginación de los demás, es estimulante y hace que un cuento se vuelva más vivo, interactivo, más divertido.

  5. Metido en otras harinas me había perdido la tercera parte, de modo que la he leído y he seguido con el final. Has conseguido concluir muy dignamente el relato, y te felicito. Yo había pensado otro final mucho más espeluznante, al que te has acercado bastante. Muy bien, los has convertido en los amantes de Teruel (tonta ella y tonto él, nunca mejor dicho) de la era de la cibernética, y los has igualado en locura (tal para cual). Que el taxidermista se enamore de su “obra” ya es el colmo de la chifladura, ¡casi de necrofilia!
    Lo que he echado en falta (ahora bromeo) es algún detalle irónico, como que el avestruz acabada de disecar agachara la cabeza abriendo unos ojazos de pajarraco asombrado al ver el macabro espectáculo erótico…
    ¡Enhorabuena: tus progresos son notables!

    • Albert, estimado consejero, había pensado darle al cuento un final de lo más previsible. Me sugeriste darle una vuelta de tuerca al relato. Me lo pasé muy bien intentando darle más tensión a la historia. Igual que se lo comentaba a rub, me encantaría saber que final habías imaginado. Pero no quiero abusar. El detalle de la avestruz no está nada mal! Gracias por tus ánimos.

  6. Espléndido final Anne. Un Pigmalion que consigue la mujer ideal y se une a ella para siempre. La idea del frigorifico que conservará su amor eternamente me parece genial.
    Salut

    • micromios, me ha encantado que el protagonista te haya sugerido a un Pigmalion, porque Pigmalion era en mi cabeza, con ciertas apetencias a la necrofilia! En cuanto al frigorífico es una versión actualizada de un sarcófago!
      Un saludo!

    • Brisuón, en Facebook se encuentra fente estupenda empezando por una servidora.
      Jessica, perdona el lapsus, Anne, por supuesto…

  7. cumpliste con las expectativas de todos, la verdad que te quedo muy bueno el relato y a mi tambien me recordo a poe. al final, estaban los dos de atar. muy logrado anne, debo confesar que me pase un par de dias en que me sorprendia en cualquier momento pensando en como seguiria el relato.
    salut!

    • G, en primer lugar agradecerte tanto a ti como a los demás haber tenido la paciencia de leer cuatro entregas del relato de una aficionada, y en segundo lugar darte las gracias por los cumplidos, la más preciada ganancia del bloguero.
      Un saludo,

  8. Como ya se ha dicho, el final es excelente, Anne. Sobre si el método es verídico o no, a mí en lo personal me es irrelevante. Bien puede que sea o no sea, has logrado que se sintiera en carne propia y para mí el sentir vale más que la verdad.
    Pero el final, !por Dios! es excelente! supiste escoger cada palabra para tejer ese hilo a la eternidad.

    saludos.

    • Camaché, me encanta que hayas sentido el relato. En cuanto al final, deseaba que estos seres tan desquiciados el uno como el otro tuviesen un viaje a la eternidad a la altura de su locura…con un punto de poesía.
      Saludos.

    • Hola….xanela. Lo de las nuevas tecnologías, como todo en esta vida tiene una faceta negativa y otra positiva. La positiva es que una persona aficionada a la escritura tenga la posibilidad de que la lean, como me está pasando a mi ahora,y que otras, con otras aficiones, puedan hacer participes a los demás de estas últimas.
      Gracias por pasar y un saludo!

  9. Muy buen final y muy interesante haber leído la historia en varias publicaciones, me demoré un poco en leer el final pero ya lo hice. Lo que menos me gusta es que tenga relación con Facebook. Estoy de acuerdo con David, la elección de cada palabra en el final es maravillosa.

    • Juan Pedro, me alegro que te haya gustado el final en cuanto a que el relato tenga relación con Facebook, lo hice porque esta red social, al igual que otras, están arrasando y añadiendo una nueva manera de relacionarse, nos guste o no.
      Gracias por pasar y un saludo

  10. No he leído el final ¡Me lo he bebido! Has cumplido todas mis expectativas. Por falta de tiempo no lo había podido leer y andaba con el en la cabeza. Mis más sinceras felicidades, has cumplido con la intriga, te has atrevido con datos que desconoces y has aguantado la tensión hasta el final.
    De verdad, muy bueno.

  11. Me ha encantado. Un relato de terror como me gustan, fenomenalmente resuelto. Si lo has confeccionado un poco sobre la marcha, creo que eres una maestra.

    • iFanou, gracias por seguir el relato y, sí, lo he ido elaborando sobre la marcha. Tenía una idea global del relato, que según los consejos que me iban dando y las ideas que me iban surgiendo, fue tomando otros derroteros que los inicialmente previstos. Inténtalo, por dos razones: es muy divertido y comprobaras que está a tu alcance.
      PS: a ver si algún día se me ocurre uno de fantasmas!

  12. Vuelvo a comentar pero sobre otro tema. En Casi un objeto estamos empezando con un taller de escritura que se llama Epicteto. Comenzamos la semana pasada y tenemos programado un primer ejercicio de creación literaria para el próximo sábado. La idea es que los asistentes escriban un cuento, escogemos uno y lo publicamos el martes de la próxima semana. De pronto te interesa seguir la propuesta por Internet o simplemente estar pendiente de los resultados de la actividad. En la página de Epicteto (http://casiunobjeto.wordpress.com/epicteto/) está el ejercicio, el único en la lista (Mi mamá me regaló un marumito).

    • Todo lo contrario charradetas! Me encanta que el relato no se quede congelado y reviva bajo tu tecla. Cuando lo tengas colgado en tu blog, si te parece, me avisas en esta zona de comentarios y deja bien claro tu enlace por si alguien pasa por aquí y le apetece leerlo.

  13. Hola Anne. No he leído tu relato aún. He llegado hasta esta página desde la de Charradetas que ha publicado un relato fabuloso inspirado al parecer según su nota en este tuyo que quiero leer con calma antes de regresar aquí para dejarte mi comentario. He impreso también de entre los relatos de viajes el de, lógicamente, París. Elegantísima la estética de tu página. Un saludo.

    • Hola letrasdeagua, el relato de Charradetas es estupendo y estoy muy feliz que mi relato le haya servido de fuente de inspiración. Gracias por pasar…y por leer.
      Un saludo,

  14. Estás en lo cierto, Anne. Por leer. Este comentario nace de la lectura completa de tu historia aunque precedida de la de la divertidisíma segunda generación Cantalapiedra ideada por Charradetas. Creo que eso altera la percepción que hubiese tenido de haberlo hecho en orden distinto. Este relato [o meta relato cargado de simbología ignoro hasta qué punto consciente] es espectacular Anne. Gracias. Mucho que aprender de este tu lugar también. Un saludo.

    • Letrasdeagua me alegra que te haya gustado el relato y cierto es que la idea de Charradetas de crear una segunda generación de Cantalapiedra es muy ocurrente y divertida. Me encantan este tipo de iniciativas, las deberíamos de poner en práctica más a menudo.
      Un saludo,

    • Al juntar mis cuatro escritos en uno solo para facilitar la lectura, he perdido los comentarios de las tres primeras entregas. Pido disculpas a mis gentiles comentaristas esperando que entiendan mis motivos.
      Un cariñoso saludo a todos.

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