Je me souviens…

Susana Majuri.

Tenía seis años,  y era la primera vez que me autorizaban a comer en la mesa con los mayores. Las vacaciones de verano acababan de empezar, el azul grisáceo del mar entraba a raudales por los ventanales de la veranda. Las velas de los balandros salpicaban la bahía de triángulos  blancos mientras los ferrys y los barcos mercantes surcaban el horizonte camino a Inglaterra (aunque, bien pensado,  resulta imposible que la mirada de una niña, con la cara  al ras del mantel, los pudiese vislumbrar, hecho carente de importancia ya que ahora le presto mis ojos).

Recuerdo la mesa alargada, (la misma donde reposa el ordenador que estoy tecleando), mi padre aposentado en una cabecera, y mi madre en la otra, flanqueada por mis dos hermanos.

El hecho de estar sentada al lado de mi padre en la mesa familiar, me hacía sentir importante pero nerviosa, tenía que superar la prueba para que no me relegaran de nuevo a comer en la cocina.  No paraba de  balancear  las piernas bajo la mesa, de atrás hacia delante y de adelante hacía atrás. Terminé por darle una patada a mi hermana Hélène, sentada enfrente, patada que me devolvió al instante. El intercambio se hizo  en silencio, (compartir mesa con los padres implicaba comportarse con educación, educación donde los gritos no tenían cabida).  Imágenes propias de otro siglo y que sin embargo vuelven hacía mí con la fuerza de un boomerang  o de un hechizo que perdura en la mujer madura que hoy escribe estas líneas.

Recuerdo cada gesto de mi padre.

Su manera de comer las ostras: con un tenedor pequeño, de borde afilado,  separaba el molusco de su concha girando la mano con un movimiento  conciso, acercaba la concha a su boca, cerraba los ojos, olía el yodo y sin apenas abrir los labios sorbía la ostra. No la masticaba, la guardaba encerrada entre la lengua y el paladar hasta deshacerla. La superficie empañada de la copa de vino blanco llenaba su rostro de destellos fríos.

Destellos que  tomaban la tonalidad de las frambuesas del huerto cuando el vino de burdeos teñía  la copa a la hora del asado, (un  vino llamado “Chasse- Spleen”, médoc  que ahora llena mi garganta de la aspereza sensual de los cedros, su árbol preferido). Fascinada, contemplaba como el ogro bueno de mi niñez  partía la carne con una destreza y una facilidad que me arrancaban suspiros de asombro.

Llegó el postre, un soufflé de chocolate,  hecho en mi honor. Mi padre me alzó encima de sus rodillas. Hundí la cuchara dentro de la bola esponjosa depositada en mi plato. Empezó a humear  como un volcán y  en este calor, (no lo sabía entonces pero sí ahora), cabían las plantaciones de cacao descritas por mi padre, viajaba a menudo a África, su amargura y su ensoñación. Mientras  el chocolate se deshacía en mi paladar, papá me dio un beso en el cuello, un poco detrás de la oreja, allí donde nace el pelo,  geografía de mi cuerpo donde, ciertos días como hoy, sopla un viento africano con olor a cacao. Un olor que me marea y me resucita.

22 pensamientos en “Je me souviens…

  1. La foto que has puesto es extraña, no termino de entenderla. El texto es bonito, esos recuerdos casi ensoñados, esa experiencia de sabores y sensaciones, de sentimientos…

    Gracias por compartir algo tan personal.

    • Alan, la foto es extraña, deformada, como lo son los recuerdos cuando buceamos en ellos, por esto la elegí. En cuanto al recuerdo escrito en esta página, es personal y no lo es… es la ventaja de la escritura!
      Un abrazo,

  2. Lo has descrito, de tal manera, que siento la necesidad imperiosa de unirme al evento. Que, por cierto, a pesar de la patada, colijo que quedaste estupendamente, delante de tu familia
    Un abrazo

  3. Que relato tan hermoso donde evocas ese recuerdo que te acerca tanta a un padre que tanto recuerdas. Muy emotivo.

    • Gracias Concha, quiero a mi padre como la mayoría de las niñas quieren al suyo. Al fin y al cabo es el primer hombre de nuestra vida y marca imprenta.
      un abrazo,

    • zambullida, un recuerdo de verano construido alrededor de la mesa: comer es una actividad muy importante!
      Un abrazo,

  4. Bellos recuerdos, recuerdos que nos pertenecen y que nadie, ni siquiera la muerte misma, podrá arrebatarnos.

    Gracias Anne, muchas gracias por vuestras palabras, vuestro consuelo y vuestro abrazo fraterno. Gracias por vuestras letras que nos hacen recordar al recuerdo.

    • Ericka, cuando una persona muere, nos quedan sus recuerdos, y, a través de ellos, vive en nosotros.
      No me des las gracias, te tengo afecto y como ser humano que soy, te lo comunico.
      Un fuerte abrazo,

  5. Un relato lleno de sabores, sensaciones y recuerdos sensoriales. Excelente texto que nos ubica de inmediato en la mesa y en el recuerdo borroso quizá y, endulzado por la memoria y la escritura. Será que estuve ausente y eso me permite ver una madurez en la escritura o será tan solo la alegría del reencuentro. Por ambas me congratulo. Saludos renovados.

    • minicarver, qué alegría! Echaba de menos tus relatos tan punzantes. Me encanta tu comentario! La memoria deforma los recuerdos: sí son gratos los endulza, si son amargos los amarga aún más.
      Un abrazo,

  6. “…implicaba comportarse con educación….” de adulto, esa que es aburrida y encorsetada. Yo prefiero las patadas de tu hermana Hèlene a las ostras…

  7. Anne, un bellísimo cuadro… con exquisitas texturas. A pesar del pausado movimiento que aparece en él, lo veo como una pintura estática (me recuerda la pintura flamenca, que tantas cosas expresa, no sé por qué). Me gustan la riqueza de matices y las pocas palabras (pinceladas) que utilizas para pintarlos y, sobre todo, la gran sensibilidad que demuestras. Ahora sí que eres realmente auténtica en lo que escribes. ¡Mi enhorabuena! (Acompañada de un abrazo cordial).

    • Albert…bellísimo comentario! Perdona por la tardanza en responder pero estaba de viaje. Me halaga mucho tu alusión a la pintura flamenca y me gusta ser auténtica.
      Un abrazo muy cordial para ti,

  8. Sorprende que la memoria guarde recuerdos de momentos que nos parecen futiles y que sin embargo conservan todo el sabor de otros tiempos y al traerlos nos permiten comprobar cuan importantes en realiad fueron
    Muy hermosa evocación Anne.
    Salut

    • Gracias micromios. Cuanto más envejezco, más me fascina la memoria y sus mecanismos, es sorprendente, un cajón lleno de sorpresas.
      Un abrazo,

  9. Anne que lindos recuerdos, guardados como en una cajita mágica “ En tu memoria” cuantas vibraciones transmitiste en este relato, quizás aquí también se puede oler el viento, ese que lleva consigo el aroma a cacao…, te felicito por tus letras muy emotivas…
    Un abrazo
    C.
    PD: Es más lo puedo oler…

    • Carlos, el olor a chocolate, a cacao, es un olor potente, incrustado en nuestra memoria. me alegro que te llegue su olor quita penas.
      Un abrazo,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s