Visitando Normandía…cuando el verano tira a su fin.

 

 

De: Anne

Para: ti

Enviado: lunes 29 de Agosto del 2011

Asunto: cerrando la casa

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Aunque falten tres semanas para que termine el verano, aquí, en Normandía, se ha dado por clausurada la temporada estival.

Las contraventanas de las casas de veraneo están echadas, las risas y los griteríos de los niños han cesado. Hoy  el silencio, puntuado por el chillido de las gaviotas, se mueve empujado por el viento. El mar se ha retirado muy lejos, (empiezan las mareas vivas), dejando sobre la arena de las playas el brillo resbaladizo y oscuro de las algas mientras potentes descargas de yodo enloquecen el olfato.

 Día tras día la oscuridad va robando minutos a la luz. Al principio del verano el sol se hundía en el norte de la bahía, ahora lo hace al sur,  justo detrás del fuerte construido por Vauban encima de la colina que cierra la ensenada.

Ya  termina este verano lluvioso con sabor a otoño, o mejor dicho,  este verano que me supo a otoño.

Recuerdo que, de niña, poco me importaban los caprichos de la meteorología. Gozar de la libertad otorgada por mis padres me ocupaba entera. El equipaje todavía sin deshacer, nos soltaban a mis hermanos y a mí  por el pueblo, las playas y los acantilados. La única cadena que nos unía al mundo de los adultos era la  alimenticia. Nuestro toque de queda, la luz del faro cuando se encendía. Añoro este sentimiento de libertad, al igual que este pálpito en el corazón al descubrir la inmensidad del mundo fuera de las paredes del colegio y de la rutina escolar. El globo terrestre se volvía minúsculo en los laberintos sibilantes de las landas, en el torbellino de una ola, en la luz cambiante del horizonte, en el tacto tan suave de un canto rodado alisado por el vaivén secular de los océanos.

Y quizá también eche de menos (aunque no se pueda decir que me apasionara el colegio) la visión  de los lápices nuevos, perfectamente afilados y ordenados, el crujido de los cuadernos al abrirlos por primera vez, el olor a tinta de los libros sin explorar, las ganas de volver a ver mis compañeras de clase.

Pero  lo que sin duda recuerdo con agudeza e infinita nostalgia es la ilusión por vivir en un mundo donde las palabras, traición, abandono o muerte, se leían en los cuentos y, aunque su angustia anidaba en mis temores nocturnos, el primer rayo de luz  rasgaba como si fuera el telón apolillado de un escenario a falta de actores.

 Los años se han encargado de desvelarme el calado y la hondura de las palabras dulces y amargas y  la dificultad de entenderlas, de asimilarlas en su justo momento, en consonancia con los otros, con el otro, y con esta otra, cada vez más dubitativa, que no cesa de observarme tras el espejo.

Por ella, por la que me observa, voy a intentar quitar algo de opacidad a mis cristalinos, para que pueda apreciar conmigo y en armonía, los matices de una vida que nos empuja,  y que con sus prisas y sus exigencias, nos ha arrebatado el sabor del último verano.

21 pensamientos en “Visitando Normandía…cuando el verano tira a su fin.

  1. La verdad es que cuando estábamos de pequeños sin pesar en que seré el día de mañana,de que trabajare,seré feliz,tendré muchos amigos,etc.
    Solo nos preocupábamos de ser feliz, de divertirnos ,porque no pensábamos en el mañana solo en disfrutar el día a día y de las vacaciones.
    Como se hecha de menos el tiempo cuando eramos pequeños que casi sin nada eramos tan felices.

    • La edad de la inocencia, así la llaman. Yo la llamaría la edad de los descubrimientos, de la imaginación alada, no te parece, guelgar?
      Un abrazo,

  2. Querida Anne, creo que a ti el buen sabor del último verano no te lo ha podido quitar nadie. Por tus crónicas colijo que lo has disfrutado al máximo y que has vivido bellos momentos recordando tu infancia… no tan lejana.
    Ahora encontrarás otro hogar que, seguro, estará esperándote lleno de dulzura.
    Un fuerte abrazo

    • mercedes, tienes razón. Entre lo que escribo y mi vida real hay algunas coincidencias… lo demás se llama literatura con l minúscula!
      Un abrazo,

  3. Hola Ann leo que has dado un flas back un regreso a la niñez. Tengo o mejor tenemos todos un buen recuerdo de la niñez, como bien dices la edad de los descubrimientos. Me seducia meterme al agua cuando llovía y luego mirar como se formaban los gusarapos. Nostalgia, bella, profunda y sentida. Bello texto has escrto con tu prosa por momentos con olor de poesía. me voy viendo el mar, el risco, y ese olor a yodo… un abrazo y un beso rub..

    • Gracias rub! Ayer me apliqué mucho en escribir el texto, creo que hasta estiraba la lengua en una esquina de la boca bajo el esfuerzo! Me gustan tus recuerdos de infancia con los gusarapos, nueva palabra: charcos?
      Un abrazo,

  4. Hermosas evocaciones de una infancia en la que el mundo tenía sin duda otra dimensión que ahora parece tan alejada. A mi si me gustaba el colegio. De hecho deseaba con ansias volver a sus jardines y aulas. Gracias por habernos abierto las puertas de tu casa de la infancia. Un saludo

    • Concha, cierto que el mundo tenía otra dimensión donde se les podía dejar a los niños una gran libertad cuando veraneaban en unos pueblos, libres de tráfico, de peligros. Ahora no podría ser. Feliz vuelta al cole, Concha!
      Un abrazo,

  5. Alguien dijo que somos nuestra infancia, y esa idea me devuelve las imágenes de la hermosa película “Bicicleta, cuchara, manzana”, un valiente documento sobre el alzhéimer que sufre un hombre que dio más de lo que recibió: Pasqual Maragall, el mejor alcalde que ha tenido Barcelona en mucho tiempo, el que convirtió una decadente y sucia urbe industrial y portuaria que daba la espalda al mar en una ciudad próspera, moderna y deseada. Me parece una buena frase. También me parece perfecto que la definas como la edad de los descubrimientos, pues así fue para los que como yo (y sin duda como tú) hemos tenido siempre curiosidad por todo lo que nos rodea… y no la perdemos: continuamos descubriendo, como niños que hemos ido creciendo con ilusiones renovadas, ¿no te parece?
    Hay palabras que, en efecto, marcan nuestra nostalgia: libertad, campo, mar, olores, correr, lluvia, sol, oscuridad, luz, faro, bicicleta, misterio… y hasta algunas miradas todavía inocentes. Diría incluso que tu nostalgia por los lápices afilados y las libretas nuevas, con ese deseo y a la vez no deseo de regresar a la escuela, se puede trasladar ahora al regreso a tu casa de Madrid, a las obligaciones.
    No dejemos de ser niños, a pesar de que nos haya pasado la edad para ciertos juegos (y lo lamentemos dulcemente), porque en la nostalgia de la infancia radica la falsa, ilusoria pero hermosa idea de la eterna juventud.
    Te despides del verano con un bellísimo relato, querida Anne. Esa nostalgia mezclada con la realidad que nos transmites mediante palabras justas y precisas (te lo has “currado” muy bien, con esa otra nostálgica y entrañable imagen escolar de estirar la lengua en una esquina de la boca) infunde serenidad, lo cual es muy de agradecer en estos tiempos revueltos.

    • Hermoso comentario Albert, comentario que he leido con mucho interés. Sabía de la enfermedad de Maragall pero no he visto la película. En Francia, la actriz Annie Girardot que padeció esta enfermedad, protagonizó una película, cuando ya era presa de la enfermedad, igualmente emotiva.
      Hay palabras asociadas a la infancia cuyo brillo debería de seguir intacto en nuestra memoria adulta. La juventud física quedó atrás pero no así nuestra curiosidad hacia el mundo y la gente que nos rodea, esta es la única juventud que no se marchita, personalmente la detecto en el brillo de una mirada, en una sonrisa y, claro, en las palabras. Te agradezco el cumplido, Albert, porque es cierto que ayer, me curré el relato!
      Un abrazo sereno en estos tiempos revueltos,

  6. Tus letras de hoy recorren a ese lugar, tu lugar…, como una brisa que se va…, comprendo bien tus pensamientos, a mi me pasa exactamente lo mismo cuando termina el verano y dejo los lugares que por su sencillez y encanto parecen mágicos…, aun más resulta así para ti por ser tu tierra, tus orígenes, olores y fragancias que están en tu genética misma…
    Amiga…, tienes ese encanto de llevarnos de la mano por el tiempo, al mencionar la vuelta al colegio me hiciste recordar tantas cosas…
    No quiero hacer larga la charla, pero esa brisa que se va…, muy pronto llegara aquí a tierras lejanas y aunque muchos no sepan…, yo sí sabre que vienen desde un lugar quizás mágico que esta a muchos kilómetros de aquí…

    • Que bonito, Carlos! Así es, cuando nos deja el verano en el hemisferio norte os llega la primavera, lo que para mi, se queda en pasado recuerdo, se convierte en tu presente. Me gusta porque de esta manera las flores nunca mueren. Por cierto, muchas de las plantas tropicales que aquí crecen, las trajeron marineros desde lugares magicos en forma de semillas, las plantaron, y aquí se han transformado en hermosas plantas.
      Un abrazo,

  7. Yo creo que el niño que todos debemos llevar dentro no lo debemos dejar morir,pues el que nos ilusiona,nos motiva,a tener curiosidad ,a aprender,a ser feliz porque somos capaces de disfrutar de un paisaje,de un recuerdo ,de una flor,de una música,y sentir y emocionarse,es lo mejor que nos puede pasar en la vida ,pues nos ayuda a sentirnos mejor y a querer disfrutar más de la vida,por eso creo que hay que sentir más y acumular menos cosas,pues la felicidad para mi esta en ser capaces de conectar con los sentidos,pues ellos nos ayudan a saborear mejor la vida.

    • El niño que tenemos en nosotros, nunca debe morir, estoy completamente de acuerdo contigo guelgar, pero no debe de suplantar al adulto sino ayudarlo a no perder sus ojos de niño, a sentir y emocionarse como si fuera la primera vez. Personalmente lo intento con ahínco pero no resulta siempre fácil.
      Un abrazo,

  8. Pues el fin del verano te ha inspirado, porque esta entrada te ha quedado francamente bien. Será la nostalgia, o el cielo nublado, o la proximidad de la vuelta a casa.

    En esos años que te separan de tus recuerdos ha cambiado el mundo tanto o más que nosotros mismos. Incluso los cuentos ya no son lo que eran.

    Este año me apetece el otoño, y es cierto que el verano ha sido otoñal. Buena cara, y mucho ánimo.

    Saludos.

    • El mundo ha cambiado a toda velocidad y toca agarrarse para no caer de esta rueda en perpetuo movimiento. Quizá la vuelta a esta rutina tan loca provoque stress en los que hemos tenido la fortuna de irnos de vacaciones … que muchos no han podido disfrutar.
      Nos seguiremos agarrando, estimado Alan, con el mejor animo posible.
      Un abrazo y gracias !

  9. Anne, me has tocado. Esa mirada al espejo… creo que soy yo la del espejo, la que se mira en este escrito. Te confieso que al principio pensaba en lo distantes que estamos, tus recuerdos de veranos en Normandia… como postales. Y recorde mis dias de vacaciones, mis viajes a la costa o a San Carlos, a visitar a la tia Delfina, al monte… Y aterrizo aqui, ahora, y me veo reflejada en la pantalla del computador, escribiendote, diciendo que me hago las mismas preguntas, las mismas concideraciones… me has tocado.
    Un abrazo

  10. Tía Anna no sabe cómo expresar mi alegría por haber encontrado a su blog.Sei que hace muchos años y no nos sentimos como yo deseo con todo mi corazón estar en contacto con usted y toda mi familia aquí en Europa. Blog muy hermoso! Atentamente, María Paula

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