En el centro de la diana.

Adam Panczuk.

 

Nunca entendió el significado de la palabra niña: como cuatro letras pudieran despertar tantas sonrisas, tanta dulzura y a la vez tantas reprimendas. En su caso, ninguna sonrisa, ninguna dulzura y, sí, muchas reprimendas (trabajo duro, golpes e indiferencia).

Siempre entendió  el significado de la palabra miedo, lo había conocido en el mismo momento de nacer: el moho que repta, la oscuridad con sus pliegues, las caras agrías de sus progenitores, las risotadas grasientas, las bocas negras corroídas por la absenta, la bofetada para obligarla a respirar: el feto había intuido lo que le esperaba.

Para poder sobrevivir dentro de las llagas de su piel, se había instalado bajo ella como quien se acomoda en un árbol hueco. Nada ni nadie podrían dañar su corteza, penetrar en ella, rozar su alma. Cuando alguna sacudida la hacía tambalearse sobre sus raíces, trepaba en lo más alto de sus ramas y tocaba el cielo. Por muy plomizo y bajo que este fuera, presentía que en él se escondía algo desconocido, que sin embargo añoraba.

Tuvo marido e hijos. Se quedó viuda, sus hijos se hicieron mayores. Las llagas nunca la habían abandonado. Seguían allí, bajo la corteza.

 

 

Adam Panczuk.

 

Por primera vez, su tiempo le pertenecía. Empezó a pasear en círculos, alrededor de ella. Al comprobar que no le pasaba nada, empezó a ensanchar los círculos. Descubrió un bosquecillo de abedules, le sorprendió la blancura de sus troncos, su suavidad, la flexibilidad de sus ramas mecidas por el viento, sus destellos plateados. Emocionada, se fundió en un abrazo prieto con un abedul y supo que la paz que buscaba en el cielo (ahora sabía darle un nombre a su deseo más íntimo) la hubiese podido encontrar al ras del suelo. Le hubiese bastado arrancar las llagas al miedo que, con sus garras, había sepultado hasta los más nimios instantes de felicidad.

 

 

Adam Panczuk.

 

Se dio cuenta que, a diferencia de los árboles, no estaba anclada al suelo, era libre. Un círculo prieto de escamas rodeaba sus pies. Saltó por encima de la circunferencia. Aspiró con todos sus poros la transparencia del aire, la sensualidad esponjosa del musgo. Con risa de niña se adentró dentro de la inmensidad de la naturaleza dejando a sus espaldas el camino de vuelta a la que, hasta ahora, había sido su vida.

22 pensamientos en “En el centro de la diana.

  1. Dear Anne… Por el apuro en que me encuentro, te prometo regresar y darle una buena lectura… y comentario.
    Saludos

    • Dear Michaelangelo, no te preocupes lo más mínimo. Sé que estás escribiendo un nuevo libro, no quisiera distraerte.
      Un abrazo,

    • Alan, tienes un sexto sentido: el texto no me salía, me demoré en su escritura y escribí el final deprisa y corriendo! Le falta desarrollo. Lo del “Perfume” me honra, gracias.
      Un abrazo.

    • Mercedes, el fotógrafo es magnífico! Lo descubrí en una revista de fotografía y su obra me inspiró el texto. En Internet puedes encontrar gran parte de su obra, me alegro habértelo dado a conocer.
      un abrazo,

  2. Que hermosos textos has imaginado surgiendo de estas fotos de Panczuk. Las llagas de la piel incrustada en la campesina polaca, la mirada de la mujer madura en la pradera, y la sirenita que emerge de las rocas. No las conocía. Gracias por presentarnoslas.

    • Concha, este artista, que acabo de descubrir, me parece fascinante. Tiene una fuerza y un poder de sugestión increíbles. Me hace feliz de que te haya gustado mi hallazgo.
      Un abrazo,

  3. La piel dura, como la corteza de un árbol. La crueldad de la vida, una vida que sólo acaba hallando consuelo en la naturaleza vegetal. “Se dio cuenta que, a diferencia de los árboles, no estaba anclada al suelo, era libre.” Al final, esperanza y sosiego. Gracias por el guiño, Anne.

    • Albert, un pequeño, gran guiño, al maravilloso texto que tradujiste con tanta belleza en tu blog! Al leerlo me quedé con la boca abierta. La naturaleza siempre me pareció una fuente de consuelo.
      Un abrazo,

  4. Un destino que parecía marcado, hubo la fuerza interior, primero para refugiarse y después para ir saliendo poco a poco hasta empezar a reconocer el bosque el cielo y después la creación… excelente tu texto Ann, metiendote entre los intersticios de un corazón lleno de paciencia y valor… un abrazo Rub

  5. rub, la primera foto me transmitía esto que tú dices: una enorme fuerza interior, que es lo que hace falta para hacer frente a la vida cuando te viene mal dada, y fuerza para tener valor de salir de la armadura y apreciar, por fin, el don de la vida.
    Un abrazo,

  6. Muchas veces la gente se pone una corteza o coraza para que no le hagan daño ,pero esa misma coraza no deja sentir lo que merece la pena y te impide conectar con lo que te rodea,que sí hay cosas malas ,pero las buenas las superan, solo cuando sabemos romper esa coraza,podemos disfrutar de ella y de la naturaleza que nos rodea.

  7. Mientras leía tus letras, me hicieron recordar a la evolución de la oruga…, cuando ellas pasan a ser mariposas no sólo cambian las patas por alas…, aquí esa mujer evoluciona, en la ficción del relato que cobra vida, mágicamente comienza a tener alas y sueños, esa niña o quizás mariposa…
    Gracias por compartir esas fotografías, muy buenas¡¡
    Un abrazo para ti

    • Carlos, muy poética la asociación que haces de mi texto con la oruga que se convierte en mariposa, es lo que deseaba expresar, has dado en el centro de la diana! Me alegro que le hayan gustado las fotos al fotógrafo!
      un abrazo,

  8. En aquellas personas que no conocieron lo que era jugar, ni tuvieron niñez por sus condiciones de vida..las que maduraron antes de tiempo forzosamente y construyeron su vida junto a una familia…y poco podrían saber más. Y en el momento de perder todo y quedarse sol@, no le encuentran sentido a su vida, piensan que todo ha terminado y que todo lo daban por perdido..porque estaban encerrados en ese pequeño círculo y nunca habían salido al exterior…quizás no sabían que existía un mundo fuera del suyo…sentían miedo de poder romper esa barrera que les cegaba…y cuando por fin estaban fuera, descubrieron que no era tan malo…que todavía existía vida y que les quedaban muchas cosas por descubrir, por aprender…por vivir,…muchos sueños por realizar…

    No sé si me he explicado jejeje…es lo que yo capto en estas palabras que tanto me han atraido…pasaba por aquí, me quedé leyendo y me gustó tu forma de describir estas imágenes tan naturales y reales…
    Un saludo y un besito dorado para tí.

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