Cuento de amor. Juan sin miedo.

Hommage à Apollinaire. Marc Chagall.

 

-¡¿Qué estas haciendo?!

– La maleta.

– No me habías dicho que te ibas de viaje.

– Es que no me voy de viaje. Te dejo.

El tono de voz de Alicia era tranquilo, sus gestos reposados…como era ella, tranquila, reposada. Serena.

Juan notó como un enorme cansancio  se iba adueñando de su cuerpo, al igual que le ocurría después de realizar un esfuerzo físico intenso.

La situación era grotesca: ¡él abandonaba!¡no lo abandonaban a él!

Encogió los hombros. Al mismo tiempo su cabeza inició un movimiento pendular, de izquierda a derecha, negando la evidencia.

Como sentenciaba su madre, cada vez que Juan la iba a visitar, su hijo no estaba hecho para la rutina del matrimonio (no le conocía ninguna novia que le hubiese durado más de un par de meses)… Ni para cualquier otro tipo de rutina. A Juan lo que le gustaba era vivir sobre el filo de la navaja. La adrenalina era el carburante que le hacía ver la vida color de rosa. Invariablemente, su madre recordaba a su hijo las proezas del pequeño Juan sin miedo ( así lo llamaron, cuando a los seis meses se tiró de cabeza al suelo después de haber trepado por los barrotes de su cuna ). A los diez meses, ya andaba.  Al año subía las escaleras como un mono y las bajaba corriendo. A los dos años montaba en bici, a los tres buceaba como un pez.

… y así se había  ido desarrollando la vida de Juan, enlazando  actividades y deportes con un nivel de riesgo cada vez mayor. Para celebrar su treinta cumpleaños, unos meses atrás, había escalado el Everest por la cara norte.

Cuando Juan le daba el beso de despedida a su madre, ella le decía en un suspiro: -¡Hasta la próxima, Juan sin miedo! preguntándose cuando  volvería a ver a este hijo tan despegado.

Mientras miraba como Alicia estaba terminando de hacer la maleta, Juan pensaba con satisfacción, que, en efecto, el miedo era un sentimiento que le era ajeno.

El clic del cierre de la maleta interrumpió de golpe el movimiento de balanceo de su cabeza para trasladarlo a su lengua.  Juan se oyó balbucear:

-¿Alicia, porque te vas, así, tan de repente, sin una explicación? De verdad que no lo entiendo. Si estábamos tan a gusto juntos…unos meses que se me han pasado volando…

-¿Cuantos meses?

-No sé… ¿5?¿6?

-Un año. Hará exactamente un año que estamos juntos, esta  misma noche.

-¡No puede ser!

– Puede ser y es. Si me voy es porque estoy harta de darme de bofetadas contra un bólido. Un bólido que no conoce el significado de la palabra tiempo, porque lo quema, y mucho menos él de la palabra ternura porque la ternura se teje en reposo, ni  él de la palabra delicadeza compuesta de miles de atenciones hacía el otro, atenciones que también requieren su tiempo.   Llevaba semanas deseando hablar contigo de esto pero no ha podido ser. La reflexión, el diálogo no son tus puntos fuertes. Cuando sientes que se aproximan, te escaqueas. Por mucho que te quiera, y te quiero, me he cansado de tener la sensación de ser un tornillo que sujeta un robot sin sentimientos. No me siento capaz de seguir dándolo todo sin recibir nada a cambio. Me siento oxidada. No sabes cuanto pena me da terminar  nuestra relación de esta manera.

De Alicia se acercó a él, lo beso en la mejilla y se alejó.

Cuando Alicia cerró la puerta, los goznes chirriaron.

Juan tenía los ojos clavados en la puerta, puerta que le tapaba el cuerpo de Alicia, pero no conseguía amortiguar el taconeo de sus zapatos en la escalera, ni borrar el olor de su cabello que había impregnado la piel de su cuello.

Juan, estupefacto, sintió como perdía el equilibrio, él que jamás lo había perdido. Tal era su mareo que tuvo que apoyarse contra la puerta.

Mientras el ruido de los zapatos se iba difuminando hasta hacerse imperceptible, Juan notó como el aire empezaba a escasear. Boqueaba como un pez fuera del agua.

El silencio se adueño de la habitación, un sudor repentino empapó su cuerpo, reavivando el olor de Alicia… haciendo insoportable su ausencia.

Juan tiritaba tanto que le castañeaban los dientes. Abrió la puerta como un poseso, empezó a correr como un loco tras el aroma de Alicia, seguro de que si no conseguía alcanzarla, se iba a morir aquí mismo. Se paró en seco al verse reflejado en el espejo del portal: era la viva imagen del miedo.

La consciencia del amor había brotado en él en el mismo momento  que el pánico al perderlo. Dos fuerzas inmensas, amor y miedo que le eran desconocidas, pruebas de fuego que tendría que aprender a  superar, conocer y descifrar para llegar hasta el corazón de Alicia.

16 pensamientos en “Cuento de amor. Juan sin miedo.

  1. Pobre Juan, tuvo que sentirse solo, completamente solo, para darse cuenta de que el amor requiere de tiempo, de permanencia, de entrega. No imaginaba que el amor no es una aventura pasajera, un entretenimiento, una conquista conseguida y olvidada.
    Pobre Juan, ahora es demasiado tarde.
    Precioso cuento de amor.
    Un abrazo lleno de cariño, querida Anne.

    • Juan, no me da ninguna pena, Mercedes! Es un hombre con eje, el del egocentrismo! Pero, como soy muy buena (!!!!), he dejado un final abierto, dándole la posibilidad de cambiar y aprender a amar! Hoy es San Valentin… no he querido ser cruel!
      Un abrazo, querida Mercedes.

  2. Fue un golpe de mazo. Atolondrado. Él no esoeraba algo tan contundente, en un instante comprendió la sustancia del miedo , la soledad y el amor. Un final abierto para que cada quien lo recreee a su gusto. La alcanzo? siga el cuento en su mente… Gracias por colgarlo qurida amiga blogera… un beso y un abrazo Rub

    • Anita, es así muy a menudo, pero por ser hoy el día de los enamorados, le dejamos una oportunidad a Juan para cambiar, te parece?
      Besos, Anita

    • A.B. Somos humanos! Aclaro: Juan se hubiera podido llamar Juana! Cambiar está al alcance de cualquiera que lo desee con ahinco, no te parece?
      Un abrazo,

  3. Sólo existen dos emociones en el hombre: amor, que provoca emociones positivas, y miedo, que provoca e. negativas. El temor a perder el amor es lo que provoca miedo. Nadie vive sin miedo. Nadie.

    • zambu, me parece que las emociones son mucho más de dos.Y, no calificaría el amor como una emoción sino como un sentimiento. Estoy de acuerdo contigo que todo el mundo tiene miedo a algo… pero esto es un cuento!
      Un abrazo, querida zambu.

  4. Dos sentimientos primordiales que hasta ese momento Juan desconocía, porque los tenía dormidos… El amor se despertó de sopetón, cuando el miedo se empezó a asomar por la puerta… Ahora que ya lo tenía de frente supo con certeza lo que había perdido.
    Y es que como dice el refrán: No se sabe lo que se tiene, hasta que se pierde.
    Una historia de reflexión…me ha gustado mucho!

    Un beso enorme para tí!

    • Solo deseaba escribir un cuento sobre el amor y sus desencuentros! Sin embargo, para Juan, nada está perdido… si está dispuesto a luchar-
      Un abrazo,

  5. Bueno, Anne, me gustó esta historia. Me pareció acertada la visión (más allá de los visos literarios) sobre la problemática y el respectivo lugar que ocupan hombre y mujer; generalmente los hombres nos hacemos los desentendidos de los problemas y quedamos desacomodados a la hora de enfrentarlos, obviamente, como Juan, se ve que preferimos peligros más físicos que emocionales…
    Saludos! Buena suerte y más que suerte!

    • Un pequeño cuento sobre los encuentros y desencuentros de una pareja. Sin querer tomar partido, creo que, en general, las mujeres buscamos el dialogo. Pero en principio Estoy en contra de las generalidades!
      Un abrazo y gracias por pasar y comentar.

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