Paseando por la Normandía de Barbey d´Aurevilly retratada por Bruno Mercier.


Fotografía de Bruno Mercier. Le Cotentin de Barbey d´Aurevilly.

http://www.brunomercier.fr/

Cuando la pendiente del cielo

de tan baja  me ahoga

y eleva mi soledad al cuadrado,

cuando del mundo no me llega el eco

y, la barbilla en la mano, escudriño

la tristeza de la lluvia ,

enciendo la bombilla,

telaraña fluorescente

dentro del silencio,

hilos que me queman

y me atrapan

en el centro exacto

de tu gineceo,

herida de muerte al sur de mi vestido.

 

 

Version française.

 

 

Quand la pente du ciel

tombe si bas, qu´elle m´étouffe

et élève la puissance de ma solitude au carré,

quand la rumeur du monde ne me parvient plus,

et quand, le menton appuyé dans le creux de mes mains,

je scrute la tristesse de la pluie, j´allume la lumière.

L´ampoule, araignée fluorescente dans sa toile de verre,

me brûle et m´emprisonne,

au centre exact de ton gynécée

blessure mortelle au sud de ma robe.

 

 

Paseando por Normandía. Le Mont Saint Michel.

 

Le Mont Saint Michel by Michael Kenna.

Pisa la arena, la mirada perdida en el horizonte. Es consciente de su pequeñez, de su fragilidad, tan indefenso, tan hambriento, tan terriblemente cansado como el peregrino en busca de salvación.

No se siente observado por el ojo de Dios sino por el de Google Earth, ojo que le permitió  descubrir el lugar donde se halla.

Ojo de alta tecnología que le funde en la masa de los millones de granos de arena  que tan agradablemente le cosquillean la planta de los pies.

Ser grano de arena… no le disgusta  la idea. Pero más liviano; ser el contorno de un grano de arena. Transparente como un ojo de Magritte.

Transparencia donde se cuelen nubes, donde naufraguen olas y vuelvan a nacer en el continuo ir y venir de su corazón; transparencia ambivalente y veloz de las mareas, transparencia de su alma, noche sin luna.

Transparencia que se ve bruscamente interrumpida por un pinchazo en el pie derecho. Ha pisado un trozo de metal oxidado. La sangre brota de la herida a borbotones recordándole la piel donde habita. Piel con fecha de caducidad y que de repente le oprime como las mazmorras de la abadía.

 

 Le Mont Saint Michel by Michael Kenna.

Paseando por Normandía entre las flores de mi jardín. Fermanville.

Cuando llego a Normandía, a mi casa, mi primer impulso es dar una vuelta por mi jardín. Os llevo de la mano para mostraos mis flores.  Me enseñan el arte de la paciencia,virtud de la que carezco. Virtud que eclosiona en mí lo que dura el verano para marchitarse cuando llega el otoño.

Mi jardín tiene la tonalidad azul porcelana de un día de verano cuando despunta la luz.

El azul sin límites de los ojos de mi padre

…y el azul violeta de los ojos de mi madre.

Es la edad de la inocencia

y la cresta de la ola.

Es volátil y efímero como alas de mariposa,

se sonroja como una doncella

cuando su enamorado liba su esencia,

es líquido e insensato,

es fulgor de sol,

 alma cándida,

 desmelenamiento de sollozos rotos,

huida  entre el verdor amargo de los helechos

por el pasadizo secreto de los niños perdidos

hacía el horizonte de Julio Verne donde no existe el rayo verde

pero sí, pétalos de rosas llamadas «Hilo de las estaciones», Penélopes pacientes que tejen el tiempo.

También es fruta prohibida.  ¡La única frambuesa que no se han comido…

… los pájaros de mi paraíso terrenal!

Mi jardín es todo esto y mucho más. Es el perfume que se evapora, el dolor que se aleja, el sonido del agua, el silencio de las flores, pistilos de oro deshechos por el viento, árboles de sombra profunda, el pasado, el presente y el futuro conjugados en un mismo tiempo coherente y universal. Este es mi jardín, pero para que tenga sentido es ante todo, vuestro jardín. Nuestro jardín. Mestizaje cultural y vegetal.

Un abrazo de… una  Eva reencontrada el tiempo que dura una rosa sacudida por el viento.

Navegando por la península del Cotentin (Normandía).

 The «Martha Mc Kean» of Wellfleet. Edward Hopper. Museo Thyssen- Bornemisza.

Al mando de mi balandro

mi pelo es estela

soy caballo mítico

el viento me asalta

me avasalla

me hace suya

en las velas

mil bandadas de pájaros

soy alas y plumas

el espacio gira

floto entre algas

rumbo al cielo

sin ataduras

despego ¡vuelo!

en mis nudillos blancos

asidos al timón

todo el frio

todo el azul

todos los abismos

toda la libertad

y toda la soledad

de los océanos

y su silencio de roca.

P.S. Me he tomado la libertad de asociar el balandro pintado por Edward Hopper en Cape Cod con  las fotos de un velero navegando en el Canal de la Mancha. (Mismos paisajes separados por un océano).