Ceremonia en el jardín salvaje. Cyclamen.

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Cyclamen

 

Como en los primeros días del mundo,
la luz, veteada de humus, brilla sobre mi piel,
mi corazón salta como un animal, revienta las redes,
desbocado, loco, humeante de niebla,
lejos de la palabra, del ruido y de la furia,
enroscado en el rumor de la savia.

 

 

Todo es ceremonia en el jardín salvaje de la infancia. Pablo Neruda.

 

 

Habitar mi destino…

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Fotografía Antonio Merini.

 

Habitar mi destino,

piel y venas al viento,

(sin imposición alguna

de terrestre abstinencia)

oír el pulso del mundo

el oído pegado

al la tela de indiana

donde tu mano descansó,

apresando la mía,

alisando mis miedos,

tú, que desapareces

cuando despunta el alba

detrás de los espejos

cóncavos de mi mente.

Te dí las llaves de mis sueños…

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Stacee Kalmanovsky.

 

Te di las llaves de mis sueños,

y con piedrecitas de luna,

marqué sus negros precipicios,

los senderos de su prehistoria,

donde, con loca desmesura,

borré mis huellas, una tras otra,

para existir fuera de contexto,

al margen de mi mansedumbre.

Pero con mi memoria de cristal

que me descose a sablazos

¿Como saber si algo fue real,

o simple destello de cometas

en la quiebra de mis noches?

Cuando el desamparo se adueña de mi pulso.

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Fotografía Brett Walker.

 

Cuando el desamparo se adueña de mi pulso,

cuando mi corazón, de tan frío, se cristaliza,

cuando mis sueños se deshilachan en harapos,

cuando ya no soy más que abstinencia de futuro,

sombra de sombras, por tu sombra, viva,

podrías dejar de enredar los harapos de mis sueños,

acunarme suave en tus brazos como una niña chica,

susurrarme certezas de cielos, dibujarte contornos,

volverte preciso, real, tangente, movimiento y risas,

tú que me costaste la vida de querer alumbrarte,

mismo latido de sangre, idéntico espasmo de luz,

tú que te paseas y te fraccionas en la niebla

de mi cristalino, noche de espejos rotos

en el furor de mis ansias por apresarte,

retenerte, tú que solo existes en la orfandad de mi misma

y en estos harapos de sueños que el tiempo desteje.

¡Esta no soy yo!

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Alexander Rodchenko. 

 

 

¡Esta no soy yo!

le chillas al espejo.

Soy otra otra otra

eco eco eco

muy adentro

tan adentro, tan oscuro

que sientes miedo.

Pero allí estás, erguida,

sobre la cuneta de tus venas

haciéndote auto-stop:

rostro jugoso

boca de loba,

deseo a flor de piel,

¡Y el brillo de tus dientes!

¡Y él de tus ojos!

¡Esa eres tú!

¡Te habías olvidado!

¡Mosquetera de ti misma!

¡Caray! ¡ De ti misma!

Esbozas una sonrisa,

de oreja a oreja,

y hambrienta de ti misma,

asciendes a ti misma,

embriagada de ti misma,

despeinada de ti misma,

loca de ti misma,

no coges el ascensor

sino que bajas las escaleras,

de dos en dos, corriendo,

dispuesta a comerte

¡La calle, el mundo,

lo que se te antoje!

Tú misma.