“En nuestra vida hay un solo color es el color del amor”. Marc Chagall. 4)

1948, Discrobing her with his own hand…, Marc Chagall.

 

Buscaba la noche, te encontré bajo un sol rojo,

en el cruce de caminos de los amantes perdidos

donde realidad y ficción pasean de la mano.

Venías de un tiempo remoto, jinete de un dromedario.

Me disponía a salir de mi coche, 100 caballos bajo el capó.

 

 

Abriste mi puerta, vestías una larga túnica de seda.

En la oscuridad de tus ojos, crecían campos de flores,

a años luz de mi vida, de mi atasco y mi desengaño.

 

 

Desabrochaste mi vestido, rasposo de grisalla,

nubes de flamencos rosas tiñeron la acera del color de la concupiscencia,

cubriendo con la alegría de sus aleteos el silencio de mi rutina.

 

 

Apoyaste tu cabeza sobre mi hombro. Tan dulce era su peso,

tan exótica de aromas tan perturbadora la cavidad de tu cuello,

que, de no cogerme por la cintura, me hubiese caído presa de un vahído.

 

 

En tu mano habías apresado la belleza de los amaneceres del desierto,

el calor de Oriente, la dulzura y la voluptuosidad de mil y unas tardes

arropadas bajo telas de Damasco y, con sus caricias cubrías de oro mi piel.

 

 

Si  tantos tesoros cabían en esta mano, ¿qué no cabría en la otra?

Con astucia de mujer me desmayé del todo, los ojos bien abiertos,

clavados en los tuyos, mientras un fuego divino perforaba mis entrañas.