Ausencia. Raffaele Pinto, Letizia Caiazzo y Anne Fatosme.

 El soneto de Raffaele le inspiró a Letizia  esta imagen.

 

Rafaelle tuvo la gentileza de dedicarme un poema. No puedo menos que dedicarle un texto inspirado en su soneto 633 que aquí adjunto:

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No disminuyen, porque te hayas ido,

las ganas de sentir tu cuerpo hermoso

del mío al lado de tu poderoso

corazón cerca de oir el latido.

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¡No quiere ausencia decir el olvido!

A verte voy aún tan  impetuoso,

a tu lado yaciendo como esposo,

que enciende, con mi sombra, tu sentido.

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¡De ti me quedan dentro los troqueles!

Como la luz en cobre plateado

que deja su impresión para que luego

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de la imagen querida salga el fuego,

así en un cuarto oscuro y deseado

te guardo para cuando te reveles.

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Para Raffaele,  mi réplica en prosa, con todo mi respeto y cariño:

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Los esqueletos negros  de los olmos  crucifican de sombras la frialdad de mi lecho. El centro duro de la noche agrieta mi cuerpo de besos helados.  Los ojos en las manos me sepulto bajo la soledad de la sábana donde tú y yo desafiábamos las leyes de las matemáticas.

 En el cuarto oscuro de mi deseo me enrollo  alrededor de tu recuerdo, bombilla roja encendida en la cavidad de tu almohada. Te revelo en silencio. Tu imagen se vuelve exacta en el fondo de la cubeta, se mueve, se libera de las pinzas y me asalta  -¡Que contrasentido, amor, asaltar a tu prisionera!- te murmuro al oído. Bajo la calidez de tu imprenta, me deshago como fruta demasiado madura, me emborracha el perfume de tu savia y tu cuerpo pesa más que todos mis anhelos tejidos con el hilo inconsistente de unos días que te pertenecen.

Me extiendo como el mar en la tibieza de nuestra cama. Bajo los alisios de mi aliento, derivamos  en la bruma perezosa de tus ojos. Destejo mi sudario. Tu piel salpicada de  escamas, brilla. A  tu oído me acerco y te murmuro con lascivia, que contra mi flanco te quedes, amor, diecinueve días y quinientas noches, alumbrado por esta marea subterránea tan verde y tan azul,  esencia de tus caricias.

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P.S. «diecinueve días y quinientas noches». Joaquín Sabina

 

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VERSION ITALIANA. 

El soneto de Raffaele en italiano, su idioma: 

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Perché sia andata via non si riduce
la voglia di sentire il tuo bel corpo
vicino al mio e del tuo poderoso
cuore vicini i battiti sentire.
Assenza non vuol dir dimenticare!
…Così impetuoso ancora a te io vengo,
giacendo accanto a te come uno sposo,
che l’ombra mia ti accende tutti i sensi!
Di te lo stampo m’è restato dentro!
Come la luce che in rame argentato
lascia una traccia perché poi si possa
il fuoco dell’immagine ottenere,
del desiderio nella stanza oscura
aspetto che tu infine ti riveli.

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Y mi réplica traducida al italiano por Raffaele:

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Gli scheletri neri degli olmi crocifiggono di ombre il mio letto. Il centro duro della notte spacca il mio corpo con baci gelati. Con gli occhi nelle mani mi seppellisco sotto la solitudine del lenzuolo in cui io e te sfidavamo le leggi della matematica.
Nella camera oscura del mio desiderio mi avvolgo attorno al tuo ricordo, lampadina rossa accesa nell’incavo del tuo cuscino. Ti sviluppo in silenzio. La tua immagine diventa esatta sul fondo della vaschetta, si muove, si libera delle pinze e mi aggredisce. -Che controsenso, amore, aggredire la tua prigioniera- ti mormoro all’orecchio. Sotto il calore della tua stampa, mi disfo come frutta troppo matura, mi ubriaca il profumo della tua linfa e il tuo corpo pesa più di tutti i miei aneliti, tessuti con il filo inconsistente di giorni che ti appartengono.
Mi propago come il mare nel tepore del nostro letto. Sotto gli alisei del mio respiro ripieghiamo nella bruma pigra dei tuoi occhi. Scucio il mio sudario. La tua pelle schizzata di squame, brilla. Mi avvicino al tuo orecchio e ti mormoro con lascivia di restare al mio fianco, amore, diciannove giorni e cinquecento notti, illuminato da questa marea sotterranea così verde così azzurra, essenza delle tue carezze.

P. S. “Diciannove giorni e cinquecento notti” è il titolo di una canzone di Joaquím Sabina.