Paseando por la Normandía de Barbey d´Aurevilly retratada por Bruno Mercier.

Barbey serie XLI Les Ravalet. http://www.brunomercier.fr/

Duele el lenguaje de los vidrios rotos, jeroglífico que no tengo ganas de descifrar. Dicen que el tiempo lo borra todo pero todavía no ha conseguido aspirar el estallido de la ventana ni la desmesura de sus esquirlas.

Todavía recuerdo tus pasos sobre la gravilla, tus besos furtivos antes de la huida, dos portazos en las mejillas, el motor que arranca, el tubo de escape sobre la sien y después, el silencio.

Sumas incomprensibles de días puntuados por la cadencia del reloj y por la mudez del teléfono.  Mudez- ente, frialdad de baldosas donde me quedaba horas sentada. Ente que se convirtió en mi dueño y, yo, en su esclava. Con su lengua bífida me aseguró que el teléfono no sonaría, que no podía hacer nada, que me habías abandonado.

En el silencio de las cosas muertas, mirábamos por la ventana.

Cuando llegó la primavera, una pareja de palomas hizo su nido sobre la fachada de cristal del jardín de invierno. El silencio se llenó de arrullos, de aleteos y de suavidad de plumas.

Una noche de garganta prieta, el ente, porque no fui yo, destruyó el cristal donde se asentaba el nido con una pala de acero, de las que usan los niños para construir castillos de arena.

De la pareja  de palomas, solo quedó una, sombra de alas negras sujeta a las astillas de mi corazón que de tanto latir, cambió las marchas y se puso al ralentí.

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Version française.

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Comme le language des verres cassés fait mal!  Hieroglyphe que je n´ai jamais eu le courage de déchiffrer. Le temps efface tout, dit-on, mais il n´a pas réussi à aspirer    l´éclatement de la fenêtre ni la démesure de ses éclats.

Je me souviens encore de tes pas sur le gravier, de tes baisers avant la fuite inavouable, deux coups de portière sur les joues, le moteur qui démarre, le tuyau d´échappement sur la tempe et après, le silence.

Des additions incompréhensibles de jours ponctués par la cadence de l´horloge el le silence du téléphone. Silence qui se convertit en une créature, froide comme le carrelage où je restais des heures assise. Elle était mon maître et moi, son esclave. Avec sa langue bifide, elle m´assurait que le télephone ne sonnerait pas, qu´il n´y avait rien à faire, que tu m´avais abandonnée.

Dans le silence des choses mortes, nous regardions par la fenêtre.

Quand le printemps arriva, un couple de colombes fit son nid sur la façade en verre du jardín d´hiver. Le silence se remplit de roucoulements, de battements d´ailes et de douceur de plumes.

Une nuit de gorge serrée , l´autre, parce que ce ne fût pas moi, rompit en morceaux  la fenêtre avec une pelle en acier comme celle dont se servent les enfants pour construire des châteaux en sable.

Du couple de colombes, il n ´en resta qu´une seule, deux ailes noires accrochées aux  débrits de mon coeur, qui de trop battre, se mit en veilleuse.