Afiladas láminas de acero.

gypsy

Douanier Rousseau.

 

Niña solitaria inventaba bosques como montañas

donde perderme y no volver jamás.

Bosques capaces de enfrentarse a una luna de metal

a  mi garganta rasposa de sed

a un viento que todo lo disecaba

afiladas láminas de acero

las de mis labios.

 

Un bosque donde rodar,

canto pulido por la simetría de los segundos,

entre el eco de columnas de piedra

el rasgado primitivo de las bestias

y el aleteo estático de una mosca,

horca los filamentos de la bombilla.

Un mundo detenido en la belleza cruel del momento,

tan mineral como lo era mi alma.

 

Donde ya nada tendría importancia

sino la certeza de un tiempo

muerto para siempre

en el idioma mudo de mi mente.