A mi padre. Fathom, a seis pies bajo el mar.

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Cuando aprieta el calor y se ensancha la pereza,

desde la tibieza hueca del sofá, creo hallar tu presencia.

Empujados por el frescor de mi abanico, los visillos se hinchan

y tu silueta se dibuja entre partículas de salitre

tendidas sobre hilos de luz. Tuyo es el espacio.

Tuyo por entero. Me mareas. Me asfixias. Te suprimo. No puedo.

En la oscuridad de los posos del café, te reinvento, joven y bello.

Te otorgo otra vida. Una vida feliz. Serás mi colgante de obsidiana,

corazón de basalto cercado de metal. Vetas rojas, estuario de mi piel.

Anochecer de borrasca,  tú y yo a seis pies de profundidad.

Para siempre, tú y yo bajo el mar. Para siempre en la sima, padre.