Diario de Ana A. 9 de julio del 2013.

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Navegar como una niña, dejar el mundo amarrado en la costa, no tener consciencia ni del mal ni del dolor que genera, ser inmune al miedo y lanzarse hacia el horizonte, abarcarlo redondo bajo la piel, ser el viento que hincha la vela, su sonido que desgarra, avanza y se calma hasta ser arrullo de pájaros, no cerrar la persiana cuando llega el anochecer sino ser fogata de sol en su ocaso, todos los poros encendidos, y, con mirada fija, invocar al rayo verde hasta que el universo se abra como una naranja, hasta ser capaz de pelarlo con una navaja blanda y saborear su jugo como si fuese la primera mañana de todas las noches.

 

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Emil Nolde.