Ciento cuarenta tweets de amor y un mail desesperado. 12/11/12.

 

Eres mi solsticio de verano,

mi trópico bajo el sol,

el centro de mis sueños,

el vértice de mi deseo,

mi amor de medianoche.

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Te buscaba en la noche,

te encontré bajo el sol

en el cruce de caminos

donde realidad y ficción

pasean de la mano.

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Cuando me besas,

tu rostro se tiñe de siena,

polvareda de oro

bajo el galope

de mi corazón,

crines al viento,

en la fiesta de tus ojos.

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Eres mi mar y mis mareas

mi pez en la orilla

mis escamas de luna

sobresaltos sobre la arena

el anzuelo que me desgarra

dulcemente.

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Redondez del mar y del cielo

unidos en un silencio de sal

el mismo que resbala sobre mis mejillas

cuando me tomas en tus brazos.

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Quiero ser la llama antes de la tormenta,

la chispa que reavive los rescoldos

sepultados bajo lechos de ceniza

en la cueva de tu abrigo.

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Tan tierna fue la noche,

tan dulces tus besos,

que mi cuerpo, ceñido de luna,

susurra un blues delante

del ordenador de la oficina.

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Otoño dorado de hojas

Otoño disfrazado de verano

Brillo de castañas en tus ojos

Vendimia de mis sentidos.

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Ser amada como la mujer,

la mujer que no existe,

ser solo el boceto

(eternamente inacabado)

que en tu cerebro

dibujes a tientas.

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Lejos del frio,

una cometa roja,

en mí se alza,

la de tu sonrisa.

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El tiempo me sopla que es otoño

los periódicos chillan el invierno,

pero, tú, en cada beso, me insuflas el verano.

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Trópico de Cáncer escribió Henry Miller,

trópico tuyo soy, de luna llena,

esperándote en el centro de la noche.