Mujer flor.

 Marilyn Monroe. The last sitting. Bert Stern.

Cansancio de vivir y rutina sería mi vida de no ser por tu rostro que dibujo sobre la almohada ¿Qué has hecho, amor, para enredar mi corazón entre los pliegues más recónditos de tu alma?

Sin ti mi cuerpo se asfixiaría, agonía de poros privados de luz. Pero tu aureola nunca me abandona, me sostiene cuando la montaña se inclina hacía el agujero negro que, en mis pesadillas de niña, me sorbía con la fruición adiposa de los gusanos.

Pero hoy, como todas las noches, enciendes detrás de la ventana lunas duplicadas.

Entreabro mis labios, ansiosa de besos… recuerdo el primero, dos desconocidos con hambre de explorar al otro y asombrados de reconocerse en el nudo de sus lenguas.

Me aprietas fuerte, tan fuerte que derribas todas las fronteras y todos los miedos.

Me cubres de besos, dulzura de terciopelo en las venas, me aferro a tu espalda, me pego a tu torso, violenta explosión de cuerpos demasiado comprimidos bajo la estrechez de su piel. Dentro de tus brazos me ramifico, tu sexo me llena de savia, de mis pechos brotan capullos de rosas,  de nuestros ojos, peces escurridizos.

Hoy es primavera en nuestra cama, nuestro cansancio es lecho de musgo mullido bajo la sombra del estallido de nuestros sentidos. Mi cabeza gira, ebria de pasión, peonza que sostiene la bola del mundo. Tu rostro en mi mano.

nº 5.

 

Marilyn Monroe.

 

 

En el colegio era muy mala en conjugación. No paraba de hacerle pellas al presente. El pasado, de tan imperfecto, me resultaba imposible de enunciar.

Solo se me daba bien el futuro. Gracias a él lograba sacar un 5. No sabía que este numero iba a ser mi  numero fetiche, mi más fiel compañero. El nº5 de Chanel.

 

Cuando lo respiro, como lo estoy haciendo ahora, mi cabeza vuela a un jardín  con olor a rosas y a jazmín, a un porche de madera de sándalo y  mi nariz se hunde en la fragancia a vainilla que emana del pecho de mi madre.

 

Estoy divagando.

 

El pasado  no era más que el agujero negro de mi cerebro, un telón rojo acribillado de estrellas. Lo malo es que ahora,  el futuro, que siempre concebí  como perfecto, se ha vuelto en mi contra, por ser, de por su sí,  pura ficción. Se ha ido acumulando en mi agujero negro. Pozo de aguas negras sería la palabra adecuada. Pozo que rebosa,roe mi cabeza y de paso ha teñido las estrellas de un marrón putrefacto.

 

Como ya he dicho antes solo sabía conjugar el futuro pero además  de esto  solo lo sabía hacer  en primera persona del plural: nosotros.  

 

Un conjunto que siempre concebí como un absoluto. Un nosotros que hubiese querido todo lo que yo anhelaba

 

¿Porque no vienes ahora, nosotros de mi infancia? ¿Porque no vienes a darme un beso antes de que me aspire este sueño de boca pastosa? ¿Porque no me raptas del llanto de mi almohada y de la oscuridad que trepa por mis brazos y los llena de hielo? ¿ Porque tardas tanto? Dime.

 

 Me responde un eco, un eco lejano, difuso. El eco de mi gastado yo. Un yo que solo supo reinterpretar mi pasado. Con todo el glamour del futuro perfecto.