Diario de Ana A. 16 de julio del 2013.

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De vuelta  a casa después de haber estado varios días de viaje, con todo lo que conlleva de nuevas experiencias, Ana A  se siente como una playa en marea baja donde se alargan las sombras y donde el sol centellea en mil charcos menudos… Y este olor a yodo que coloniza su fosas nasales, que, de tan penetrante, su padre describía como sólido. Olor colmena que ha ido excavando alveolos dentro de los paneles, a menudo picudos, del cerebro de Ana A quien ha recordado mucho a su padre durante las largas horas de coche. Lo ha visto detrás de la ventanilla, convergente en el vértigo de un paisaje corredizo, ha oído su risa socarrona prolongando la suya al leer sobre los paneles de la autopista recomendaciones aniñadas tan absurdas como evidentes. Lo ha sentido desamparado al son de las noticias divulgadas en la radio. Una Europa tan  frágil como los castillos de arena que construían juntos  durante las interminables tardes de la infancia  de Ana A  y que  sabían  que la marea destruiría  de forma tan inexorable como metódica. A pesar de todo, al día siguiente, volvían a edificar otro castillo de arena con las mismas palas, el mismo entusiasmo y planos cada vez más elaborados.

Ana A anota:

Planes para mañana: si el tiempo lo permite construir un castillo de arena. Muy grande, le susurra nanou. El más grande le asegura Ana A.

 

nolde Estado de ánimo de mar ligero

 

Emil Nolde. Estado de ánimo.

Diario de Ana A. 12 de julio del 2013.

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Si la reencarnación existiese ¿que desearía ser? escribe Ana A.
Una amapola. Roja, roja. Cuatro pétalos, más delicados que la seda más fina, engarzados sobre un talle erecto. Un botón negro a modo de corazón. Abrirme con el amanecer, resplandecer bajo el sol, amarlo con locura. Quemarme a lo bonzo. Y cuando las sombras se alargan hasta abarcarlo todo, disgregarme , diseminarme sobre la tierra, sembrar mi simiente, regresar a lo más profundo, ser humus. Oler a vida en su espera.
Y quizá, prosigue Ana A, la contemplación de mi sencilla hermosura haya hecho feliz a alguien lo que dura un momento. Donarse al otro sin pedir nada a cambio, es una cualidad muy floral, reflexiona Ana A. Roja, roja amapola.

Emil Nolde - Garden - Tutt'Art@ (27)

Emil Nolde. Amapolas rojas, rojas.

Diario de Ana A. 9 de julio del 2013.

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Navegar como una niña, dejar el mundo amarrado en la costa, no tener consciencia ni del mal ni del dolor que genera, ser inmune al miedo y lanzarse hacia el horizonte, abarcarlo redondo bajo la piel, ser el viento que hincha la vela, su sonido que desgarra, avanza y se calma hasta ser arrullo de pájaros, no cerrar la persiana cuando llega el anochecer sino ser fogata de sol en su ocaso, todos los poros encendidos, y, con mirada fija, invocar al rayo verde hasta que el universo se abra como una naranja, hasta ser capaz de pelarlo con una navaja blanda y saborear su jugo como si fuese la primera mañana de todas las noches.

 

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Emil Nolde.