Hoy llueve dentro de mí.

Henri Cartier Bresson.

 

Hoy llueve dentro de mí. No una lluvia plateada  llena de reflejos. Hoy no. Hoy, dentro de mí, llueve barro.

 Todo empezó esta mañana al levantarme. Oí un zumbido muy molesto, parecido al de las moscas cuando se aproxima su fin, a final del verano, un zumbido que en vez de acercarse, se alejó bruscamente para volver  de golpe, amplificado hasta la locura. Un escuadrón de moscas volaba dentro de mis ojos,  se desplegó en abanico, raspando con sus varillas las cavidades de mi cráneo;  la nube amarilla de ojos reventó por su centro, descargando un chaparrón pringoso y negro. Las gotas se colaron por los meandros permeables de mi cerebro dejando mis neuronas chapoteando en su propia fosa.

Mi lluvia alimentada por mi sangre rugía dentro de mis arterias, desbordando de sus cauces, llenando de sus risas histéricas mi cuerpo prisionero de su piel, fisurando viejos monstruos enterrados bajo toneladas de olvido, anegando con su lodo el azul de mi vida.

Cuando llueve así dentro de mí, tengo mucho frio y me siento muy sola. De hecho solo veo sombras encorvadas y lejanas. Sombras, que al igual que yo, vagan desarticuladas sobre  su piel cubierta de barro, las palabras ahogadas en su lluvia.