Azul tinta.

I remember. Liu Xiafang.

Estaba empezando a caer la noche cuando me senté delante del escritorio dispuesta a escribirte. Saqué del cajón el papel de cartas, cogí mi pluma, desenrosqué el capuchón plateado del cuerpo negro, apoyé el plumín sobre la hoja, deseosa de convertir mi pensamiento en palabra. El papel se quedó en blanco. Después de sacudir la pluma, apoyar de nuevo el plumín sobre el papel con idéntico resultado  me tuve que rendir a la evidencia, el depósito se había quedado sin tinta, contratiempo que me enervó. Alargué el brazo izquierdo hasta alcanzar el tintero  situado en una esquina de la mesa. Con la mano derecha  giré la tapa con un movimiento tan brusco que el bote, en equilibrio encima de mi palma alzada, se cayó de medio lado. La tinta  se derramó entre mis dedos hasta formar encima de la hoja un charco azul con un centro oscuro como un pozo, redondo como una pupila.

La niña observa consternada como después de hundir demasiado su pluma en el tintero de loza blanca incorporado al pupitre, una gota de tinta cae sobre la tapa del cuaderno que acaba de abrir. Con gesto furtivo esconde la mancha bajo el papel secante. Sujeta la pluma con tanta fuerza que se le queda incrustada en el dedo corazón. Empieza a moldear letras. Las puntas de sus trenzas rozan el pupitre. Se aplica en imitar el modelo dibujado al principio de la línea, en que la tinta no se corra. Se concentra tanto que sus ojos bizquean. Las letras no le salen redondas y pulidas sino torcidas y llenas de aristas. Suspira, la pluma en suspenso. Vuelve a mojar el plumín dispuesta a proseguir la tarea. Una gota de tinta cae de nuevo pero esta vez encima de las letras. Una mancha con forma de nube las esconde. La niña se sube encima y sueña.

 Sueña que las letras le salen perfectas, que está sentada delante del escritorio de su madre, sueña que escribe  una carta con una pluma negra de capuchón plateado. Sueña que te escribe, que el tintero no se ha caído, sueña que tiene algo interesante que contarte. Y lo único que se le ocurre escribirte es que cuando llega Septiembre, el tiempo perdido se aglutina a su alrededor como una mancha reseca con olor a tinta y se siente un año más vieja.