El tiempo de un habano.

Desnudo en rojo. Modigliani

Tras el amplio ventanal del cuarto de estar, sumido en la oscuridad, acecha el caos de la ciudad. Unos rascacielos  negros se perfilan contra un cielo gris alumbrado por el brillo acerado y redondo de la luna.

Delante de la chimenea, una mujer,  tumbada encima de una otomana de terciopelo granate, contempla el fuego. Apoya su cabeza ladeada sobre la palma de la mano derecha abierta en abanico. El codo se hunde en un cojín azul donde se desdibujan arabescos gastados. Las llamas  alumbran su cuerpo desnudo borrando contornos inciertos.

Sentado encima de un sillón cercano, un hombre, con el abrigo todavía puesto, termina de fumar un habano. Cuando aspira el humo, la brasa, al rojo vivo, descubre una mirada centelleante de rescoldos.

Ella siente los filamentos de la mirada del hombre acariciar su espalda, y su espalda, bajo esta mirada tan densa,  empieza a vibrar de forma primitiva. Las llamas crepitan, llenando su cuerpo de murmullos. Se  gira hacía él, lánguidamente, porque sabe que tal es su deseo, reposa la cabeza sobre el cojín, una mano bajo la nuca, mientras  la otra, guiada por la ansiosa mirada, acaricia la suavidad de sus pechos, los retiene en su palma, los moldea y los yergue.  La oscuridad  se comprime apelmazada de humo. La  mano sigue bajando revelando una carne frágil despojada de límites.  Una quemadura percute la piel, una mano masculina se une a la suya, la aparta y prosigue en solitario la experiencia secreta. La mano salvaje y dulce la crea,  explorando la jungla íntima y exuberante de su vientre. Las formas reconocibles  se hunden. El latido del mundo se contrae, loco de silencio, al borde de unos labios temblorosos y húmedos.

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Dieu est un fumeur de havanes. Serge Gainsbourg et Catherine Deneuve.