Soñando bajo la nieve en el Mont Saint Michel.

 

 

El alba de los paisajes. Jean Kiras

El alba de los paisajes. Jean Kiras.

Una silueta clara se desliza fuera del claustro de la abadía benedictina. Una espesa capa de nieve cubre los escalones de granito desgastados por pisadas seculares. El viento helado y salado levanta la capa blanca, se cuela entre la tela y el  cuerpo esbelto. Los senos desnudos y tersos se vuelven nacarados a la luz de la luna. Las pisadas no crujen sobre los destellos de hielo. La silueta baja, serpenteante e ingrávida, la calle medieval huyendo de la mezquindad asfixiante de las criptas, de la podredumbre de los arcos donde aletean murciélagos ciegos.

La sombra luminosa se detiene y se apoya contra un murete brillante de escarcha. Mira fijamente un movimiento indefinible; harapos de nubes primitivos y salvajes, ondulaciones negras de olas lejanas, superficies translucidas de arena, reflejos cincelados. En una distancia infinita de vapores azul noche adivina los pasos de un peregrino. Lejanos, los percibe amortiguados por el musgo de los prados. Ansiados, los oye salpicados de salitre. Cercanos, retumban sonoros sobre los adoquines. Los recuerdos agazapados suben a ritmo de marea enloquecida.

 La nieve vuelve a caer en remolinos densos sepultando la capa bajo un manto espeso. La cara transparente, se gira, otea la calle vacía, alza la vista hasta la flecha desmesurada del arcángel, dirige el silencio mortal de su mirada hacia el mar desnudo relamiendo la muralla. Detiene la avanzada de las olas y, de nuevo, se arroja al abismo.