Diario de Ana A. 6 de julio del 2013.

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La paja huele a pan recién horneado. Unos niños juegan en la era, la brisa transporta sus risas. Una libélula emprende su vuelo en el complicado laberinto de venas que surcan  los párpados de Ana A. Roza  muretes donde se enredan zarzamoras cubiertas de bayas y flores silvestres.  Sobrevuela  landas rosas de brezo, verdes de helechos, donde caballos blancos y salvajes trotan, las crines al viento. Huele a marea. El aleteo se vuelve febril. Tras el mosaico de las alas el sol se expande en ondas circulares sobre la liquidez de los ojos de Ana A, marea de fuerte coeficiente que desborda los estrechos márgenes de su diario.

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Picasso.