Marilyn Monroe: ” Sé que nunca seré feliz pero puedo ser muy alegre”.

Cincuenta años más tarde tengo encima de mi mesilla la misma botella de Dom Perignon y los mismos barbitúricos. Las mujeres honestas me calificaban de cínica. No creo haberlo sido. De haber sido el cinismo un rasgo de mi carácter,  hubiera sobrevivido.

Los sueños rigieron mi destino: de niña para evadirme de una infancia errática: “de oca a oca y tiro porque me toca”. En cuanto a los malos tratos y abusos sexuales, pedir datos a mi psiquiatra.

En la adolescencia, apreté los puños ¡soñé más que nadie! Me convertí en estrella.

Cuando una llega a lo más alto, ya no es posible soñar. La cima es tan alta que cuando una se cae, se rompe. Pega los trozos, se vuelve a romper, faltan trozos. La ronda infernal se torna cada vez más veloz: “de bofetada en bofetada y me tiran porque les toca”. Hasta hundirse en el barro.

Cincuenta años más tarde, no me tomo la molestia en salir de la cama. me he tomado el día libre. Quizá escriba algo, me gusta escribir. Sobre todo poesía.

Cuando caiga la noche me tomaré los somníferos y el champagne. Adoptaré una pose muy sexy,  pondré cara de payaso y le haré burla a la soledad (muñeca de ojos colgando, tiritona bajo los abrigos de piel, abrazos rotos en cadena hasta tener pavor al roce del otro).

No perderé ni un segundo en llamar por teléfono. Apagaré los focos, la cámara de fotos, dejaré en la cuneta a la mujer inadaptada e inestable para descansar entre sábanas con olor a limpio.

A poet to his beloved.

I bring you with reverent hands

The books of my numberless dreams,

White woman that passion has worn

As the tide wears the dove-grey sands,

And with heart more old than the horn

That is brimmed from the pale fire of time:

White woman with numberless dreams,

I bring you my passionate rhyme.

William Butler Yeats.