Naturaleza muerta.

Naturaleza muerta con un plato de cerezas. Paul Cézanne.

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Comíamos cerezas tumbados bajo los tamarindos.

La cabeza apoyada sobre tu hombro,

el azul del cielo, el vuelo de las alondras,

el sol, el mar, el trigo y sus amapolas,

se mecían  en la cavidad de tu cuello,

cáliz de vida bajo la pulpa de mis labios,

rojos de cerezas. Nos amábamos,

era el mes de mayo y el jardín olía a rosas.

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Ha pasado la vida pero no así el mes de mayo.

Sentada frente a la mesa, recuerdo las cerezas,

la cabeza apoyada sobre mi antebrazo.

Del mar conozco los abismos, del campo las grietas,

del cielo el fuego blanco y frio.

El abandono no me es ajeno,

de las cerezas me tragué los huesos,

y de las rosas temo la fragancia:

la de tu recuerdo aferrado a mi cuello.