Réplica en prosa a un poeta.

Matisse como pretexto. Manolo Valdés.

Soneto 532. 

Y vuelve el pensamiento, aún y siempre

a ti, que desde lejos me haces señas

y yo, que con cerebro y corazón

recorro del amor la hermosa senda

que a ti me lleva, al afecto sincero

que tú me ofreces, casi me enarbolo

con todos los sentidos y en mis rimas

del antiguo deseo te digo el fuego.

Y si de la presencia la alegría

la envidia nos inhibe de los cielos,

que goce al menos la imaginación

fingiendo de los cuerpos nuestra unión,

y se estremezca así feliz la piel

de tristeza y pudor en el repudio.

 Raffaele Pinto.

Réplica en prosa.

Los segundos se suceden tras  la pantalla del despertador hasta encadenarse en minutos. La alarma suena a las ocho en punto. Como cada noche te has infiltrado en mis sueños. Enciendo la luz y con ella borro tu recuerdo prendido en la penumbra. Abro las persianas y las ventanas de par en par. La vida de la calle me sacude como un vendaval. Tengo que olvidarte.

Enciendo el ordenador, abro el correo. No puedo evitar releer tu último mensaje, cariñoso desde la distancia, desde que te fuiste. Me preguntas que me parece  Joaquín, aquel colega tuyo que me presentaste en casa de Julia- Un hombre encantador, hecho a tu medida, Julia me dice que está loco por ti- Escribes loco por ti en mayúsculas y negrita. Loca por ti estoy yo sin negrita y tan minúscula que ni te lo imaginas, aunque recuerde que hoy he decidido olvidarte.

He aceptado la invitación a cenar de  Joaquín, faltan cinco minutos para que pase a recogerme. Hoy te voy a olvidar, de hecho lo estoy haciendo. Solo me falta coger la pashmina para resguardarme del frescor de la noche y alejarme de ti. Me envuelvo en ella lista para salir, el olor de tu cuello me invade impregnado en su tejido. Me la robabas, ¿te acuerdas?, me la robabas en invierno, la usabas de bufanda.

Mi boca se hunde en tu cuello, mi nariz en tu pelo, tus manos reptan a lo largo de la cremallera de mi vestido de seda, tu preferido. Siempre te gusto el tacto de la seda, su desliz contra la piel. Te murmuro- nos están esperando no vamos a llegar-  Me callo dentro de tu boca, mi prisa es otra como también lo es mi espera hundida en la calidez de nuestro deseo. El timbre de la puerta suena tan, ¡oh! tan inoportuno cariño.

Aliso la seda del vestido, un hombre me espera al otro lado de la puerta, por las rendijas se cuela el aire frío del otoño. Me enrosco dentro del chal, aspiro tu olor hasta morir, hasta el olvido.

 

 El hombre que anda. Giacometti.

Un párrafo reescrito por Ernesto. Un poema.

Mi boca se hunde en tu cuello,

mi nariz en tu pelo,

tus manos reptan a lo largo de la cremallera

de mi vestido de seda,

tu preferido.

 

Siempre te gusto el tacto de la seda,

su desliz contra la piel.

Te murmuro

-nos están esperando no vamos a llegar-

 

Me callo dentro de tu boca,

mi prisa es otra

como también lo es mi espera

hundida en la calidez de nuestro deseo.