¡Feliz verano!

La meridienne. Jean François Millet.

El heno está tibio, pincha un poco. El olor a sudor  se mezcla con los alientos frescos de la sidra tomada en el almuerzo. Aliento de manzanas ácidas  recogidas en otoño, pirámides rojas salpicando campos contenidos entre piedras de granito. Los pies resecos de tierra, hinchados de tanto caminar, descansan al sol. Un sueño plomizo anestesia  las espaldas encorvadas desde el amanecer. La paja huele a trigo, a pan recién horneado.

Unos niños juegan en la era, la brisa transporta sus risas.

 Una libélula emprende un vuelo bajo, roza  muretes donde se enredan  zarzamoras  cubiertas de bayas moradas y flores silvestres. El cuerpo frágil se eleva. Sobrevuela  landas rosas de brezo, verdes de helechos donde caballos salvajes y blancos trotan, las crines al viento.

Huele a marea. El aleteo se vuelve febril. Un mosaico de pigmentos azules y violetas  se despliega en abanico. Un reflejo plateado ondea bajo el agua. Un cormorán se deja caer en picado abriendo la mar en un fogonazo de espuma.

 Tras las alas transparentes, el sol se fragmenta en partículas minúsculas, ondas circulares en continua expansión .

La siesta de Vincent Van Gogh ( Van Gogh, que se consideraba discípulo de Millet, se inspiró de la “Méridienne” para pintar “La siesta”).