Instrucciones para resucitar a un colibrí.

 

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 Coger al colibrí  en la palma de la mano. Su cuerpo está frío.

 Acariciar sus alas rotas con la punta de las pestañas.

 

Buscar algo bello donde depositarlo,

algo como el corazón de una rosa.

 

Coger una caja de cerillas, vacía y limpia.

Pintarla de azul cielo, perforar la tapa con la punta de un bolígrafo

y hacer una abertura del  mismo diámetro que el ojo del colibrí.

 

Tender al colibrí dentro de la caja de cerillas

sobre un lecho de pétalos y néctar de flores.

 

Deslizar la tapa en  silencio

prestando especial atención

a que el ojo del colibrí

se encuentre en el eje de la abertura.

 

Salir afuera con un puñado de globos

hincharlos con el aire más puro

almacenado durante años

en los alveolos de los pulmones

para este único fin.

 

Retener los globos con cintas de colores,

enlazarlos a la caja ceñida a la cintura

y disfrutar de la transparencia de la brisa.

 

Mientras la tierra se vuelve, más y más pequeña,

más vivo y brillante se vuelve el ojo del colibrí

y más alegre el aleteo de sus alas en el  azur del cielo.