Lost in translation: Raffaele Pinto, soneto nº 86 y su réplica en prosa por Anne Fatosme.


Raffaele…

Si fuera Pigmalión y Galatea

tú fueras, en el mármol esculpida,

a tu precioso cuerpo daría vida

con el favor de Venus citerea.

Mas de Chipre no soy, ni me fondea

en el alma la que quitó al Atrida

la esposa, que, aunque bella sin medida,

parece, frente a ti, vulgar y fea.

Yo sólo tengo esta pobre palabra

para que, con disfraz de poesía,

en tu silencio una brecha se abra

y entre por allí la vida mía:

te la regalo, mientras esté puesto

en la sonrisa, la mirada, el gesto.

Anne…

¡Tan oscura era la noche  que solamente  dos estrellas  se reflejaban en los ecos del desfiladero!

Cuando tus manos rozaron la rugosidad de mi manto de piedra, algo en mí palpitó. La rigidez, que hasta ahora me paralizaba, por primera vez se iba ablandando,  cediendo bajo el sol de tus dedos.

De tus huesos me dabas la materia,  de tus venas, la sangre.

Del cielo empezó a caer una lluvia carmesí de bayas silvestres. Bajamos el monte Olimpo cogidos de la mano, atravesamos bosques de pinos donde  pisamos el olor dorado de su savia y el canto crujiente de las chicharras.

Nos tumbamos sobre una duna de arena fina, encajé la cabeza en mi santuario, lugar sagrado tallado entre tu clavícula y tu hombro. El calor de tu mirada redondeó las aristas de mi piel cincelada. En la transparencia del azul las estrellas de tus ojos doraron  mi piel, y la belleza de tus palabras  vertieron  la miel de un beso sobre la sonrisa de mis labios, ¡adorado rey de Chipre!