Un pecado de chocolate.

Ice Cream . Will Cotton. 

Enciendes el horno, temperatura suave (150 grados). En una cacerola  pones el chocolate (280 gramos)  partido en pedacitos; con el calor de las manos el chocolate se deshace un poco entre las yemas de los dedos. Añades la misma cantidad de mantequilla. Chocolate y mantequilla se derriten, el fuego es lento, das vueltas  con una cuchara de madera. La mantequilla y  el chocolate se van mezclando, la mantequilla le da brillo al chocolate y el chocolate color a la mantequilla. Apartas la cacerola del fuego. El olor impregna tu mente, no puedes evitar hundir el dedo en la cacerola, lo chupas, no quema y te estremeces de gusto.

 Coges nueve huevos y dos tazones grandes. En uno  pones las claras y en otro las yemas. Solo hacen falta seis claras.

Mezclas las yemas con azucar (150gramos) hasta que el azucar se funda con ellas. Bates las claras a punto de nieve con una pizca de sal y constatas  como una masa viscosa se convierte en nieve  densa.

En un recipiente hondo viertes el chocolate fundido la mantequilla las yemas el azúcar. Lo remueves todo enérgicamente; añades las claras a punto de nieve  con movimientos amplios de muñeca, a la par que mimosos, con el fin de no romper sus alveolos.

 Untas un molde redondo, (25cm de diámetro), con mantequilla. Viertes la mezcla dentro, ¡sin salpicar! , y pones el molde en el horno. Te  aconsejo rebañar  las  paredes  del recipiente antes de lavarlo ¡Está riquísimo!

 Ahora solo te falta la cobertura, ¡también de chocolate! Derrites de nuevo y a fuego lento chocolate y mantequilla (60 gramos de ambos),  añades otras dos claras de huevo a punto de nieve… esponjosa.

Al cabo de sesenta cálidos minutos sacas el pastel del horno, lo desmoldas en caliente, repartes la cobertura sobre la superficie, alisándola.

 Saboreas tu obra, el fondant se derrite entre el paladar y la lengua, suspiras de gozo…

PS. ¡Esto es una receta de cocina, no me dejes comentarios!