Emma tiene frío.

Sombras. Francesc Català-Roca

 

Emma está despierta. Tiene los pies fríos bajo las sábanas blancas. El dormitorio está helado. El frío no la deja dormir. El frío, y un recuerdo.

Un recuerdo tan cercano como el viento de la sierra que se abría paso entre las sombras de los rascacielos de la Plaza de Cuzco; viento que al bajar por la boca de metro le levantó la falda. Emma se acomodó en el último vagón. Las puertas se estaban cerrando cuando un hombre se sentó en la banqueta de enfrente. El calor de su mirada espantó el frío de la calle almacenado bajo la ropa. Un calor tan expansivo que el forro acrílico y duro  de la chaqueta de Emma, la acarició como combinación de seda desvaída por el uso.

Emma apoyó su cara sobre el hombro del desconocido, reflejado en la ventanilla. La barba del cuello le cosquilleaba la nariz, por la abertura de la camisa subía un olor a bosque umbrío, bajo la tela latían vidas soterradas. Sus miradas infinitas convergían en diagonal entre la muchedumbre compacta. Eran las nueve de la noche cuando Emma bajó en “Retiro”. El desconocido prosiguió su camino.

Emma duerme.  Arropada por el recuerdo tan vivo del desconocido, runrunea bajo la tibieza de su aliento y el cosquilleo de su pecho. Emma ya no tiene los pies fríos, los saca de costadillo por encima de la manta

PS. Dedico este texto a Raffaele Pinto con toda mi admiración y cariño. Texto inspirado en uno de los sonetos que Raffaele escribe a diario.