Pesadilla.

 Los médicos me dijeron que estabas muerto, que de ti solo quedaba la envoltura. Querían desenchufarte, les pedí una prorroga, un pequeño margen para la esperanza.

 He puesto barrotes a la ventana para que no entre nadie. Me tumbaré encima de ti, te insuflaré vida poro a poro. Dejaré crecer mi pelo, con él formaré una trenza y con ella bajaré hasta los confines de tu ser. Te contaré nuestra vida, reconstruiré tu memoria, la poblaré de recuerdos. Escondidos tras unas cortinas adamascadas  seré tu Sherezade y tú mi sultán del cual mi vida depende. Sin ti no existo, eres mi perro lazarillo y yo la ciega atada con una correa. El mundo es oscuro detrás de los barrotes y tu cuerpo tan luminoso bajo la luz del tubo fluorescente. Una luz que se mueve, se extiende, fluye sobre tu cuerpo en diminutas hondas movedizas como el mar bajo la luna. Una luz carnosa, que repta, se introduce por tus ojos, tu nariz, tus oídos. Algo blanco asoma por la comisura de tus labios y se desliza en mi boca. Cruje bajo mis dientes, se reproduce en el caldo de mi saliva, anillas gelatinosas se desenroscan en mi garganta, se ensanchan, millones de ojos me escrudiñan…

  El cuerpo de Emma se tensó como un arco. Unas manos blanquecinas aplacaron con fuerza la tensión de su torso mientras otra, forrada de látex, clavaba una aguja en su muñeca. 

“The nightmare” Füssli.

 

PS. Como se acerca la Navidad y esta historia se está volviendo de lo más morbosa, he optado por continuar desarrollándola de forma privada. Espero poder escribir unos textos más acordes con estas fechas.