Visitando Normandía. Una historia de amor durante la segunda guerra mundial.

De: Anne

Para: Ti

Enviado: jueves, 4 de agosto de 2011

Asunto: te mando con mucho retraso, (¡perdón, perdón, estoy muy liada!) la historia de amor de Alice y Klaus.

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En el bunker situado en lo más alto del acantilado, dicen las parejas enamoradas del pueblo que, al anochecer y nada más franquear su umbral, sienten como la presencia luminosa de Klaus cierra el acceso a la estancia de cemento armado, rectángulo negro lleno de corrientes y de miradas indiscretas.

Cuando destinaron a Klaus, soldado raso, a Normandía, en el invierno del 43, tenía veinte años y mucho miedo. Lo alojaron, junto a unos compañeros, en una casa del pueblo requisada por el ejército alemán.  Alice, dueña de la casa y de la misma edad que Klaus, se había casado unos meses antes con un hombre, miembro de la resistencia, quien acababa de caer prisionero del enemigo. Alice había descubierto, durante la noche de bodas, una faceta escondida de su marido: un carácter  violento y  dominador que execraba desde lo más profundo de su ser.

  Alice  y Klaus, de temperamento dulce e introvertido, se sintieron atraídos de inmediato. Al llegar el verano  descubrieron su pasión común por las mariposas, en el jardín de Alice, y por la contemplación del mar y de las nubes desde las cumbres borrascosas donde el bunker de Klaus estaba erigido. Lo que sigue, no es nada original y muy previsible: se enamoraron. Su deseo planeaba muy por encima de las contingencias del mundo y de las habladurías del pueblo,  que por otro lado, poco o nada les importaba. El día D les cogió por sorpresa. Klaus murió a primeras horas de la mañana de  un disparo. A Alice le raparon el pelo en la plaza del pueblo.

 Su marido, después de echarla de casa y repudiarla durante unos meses, la volvió a aceptar en el domicilio conyugal. Nunca perdonó su traición. Se la  hizo pagar noche tras noche, día tras día, hasta  su muerte ocurrida el año pasado, cuando se lo llevo un infarto. Alice le sobrevivió seis meses. No tuvieron descendencia.

La recuerdo paseando, siempre sola, encogida, por las landas cubiertas de brezo, o sentada encima del bunker contemplando el horizonte.

 De los amores de Alice y Klaus nació un niño,  seis meses después de la muerte de su padre. Lo criaron sus abuelos paternos. El secreto fue desvelado cuando el hijo de Alice se presentó en el entierro de su madre.

 Este verano, él y sus descendientes, veranean en la casa de Alice. A los bisnietos de Klaus y de Alice, se les ve a menudo, surcando las landas, una cámara de fotos en ristre, buscando con afán, inmortalizar la belleza del instante.

Un abrazo… apresurado ¡ Me reclaman en la cocina!

P.S. las fotos las hizo mi sobrino Boris.