¡Uno de mayo, un ramillete de muguet!…con todos mis deseos de renacimiento y felicidad.

No debía de tener más de cuatro años cuando mi padre hizo surgir de sus manos, escondidas tras su espalda, un ramillete de muguet.

Recuerdo todavía el crujido del papel celofán al asir la ofrenda,  su transparencia llena de destellos, unas gotas de lluvia, un rayo de sol, la fragilidad  de las campanillas, el verde lleno de ternura de sus hojas, ¡su olor al rasgar el envoltorio! : una ola blanca estallando en mi nariz, un valle  con olor a musgo adueñándose de mis ojos, unas ganas irresistibles de tumbarme  en su espesura y allí escuchar  el sonido del riachuelo, aspirar la esencia de las flores de muguet y dejarme mecer por el tañido perfumado y eterno de la primavera.

… con todos mis deseos de felicidad y renacimiento, en este primero de mayo, mes de la primavera por antonomasia.  

Anne

Uno de mayo, un ramillete de muguet.

 

La luz del sol percute contra las hojas en abanico de la palmera. Un hilo de araña une tenazmente su tronco peludo a un boj cercano. Las bolas de polen flotan sin rumbo. Me hago polen, tela de araña. Los ojos se enturbian. Un cosquilleo en la nariz, un estornudo. Alergia primaveral. Dos palomas beben agua en el estanque. Lo diseñe, rectangular, de acero, preciso. Parecido a mi cuaderno. Arranco una hoja emborronada de letras tontas, la arrugo y la tiro. Las palomas se asustan y se van. La yugular late despacio.

Mi mago particular llega, saca de su chistera un ramillete de muguet. Me lo ofrece gentilmente, deseándome felicidad. Y yo, de paso, les regalo uno, inodoro, ¡pena!, y virtual deseándoles de corazón, toda la felicidad del mundo.