Inmortal.

Immortal. Vee Speers.

De: Anne

Para: ti

Enviado:  27/04/2011

Asunto:  sueños

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He estado mucho tiempo sin dar noticias y sin ni siquiera despedirme. A esto se le llama despedirse a la francesa aunque en Francia lo llamemos despedirse a la inglesa. No tengo más excusa que el haberme tomado un tiempo para soñar…en mi pueblo normando.

 Soñar, soñar y soñar…

Una tarde fui a la playa. Me  tumbé encima de la arena. Estaba tibia, hecho absolutamente inusual en un mes de abril por aquellos lares. Al no haber vacaciones escolares la playa estaba desierta. Sentía como la arena  se iba adaptando a los contornos de mi cuerpo (se me olvidó la toalla, ¡buen pretexto para no probar  un mar a 13º!). La arena se fusionó de tal modo con mi piel que  pensé en ella como si de un ser vivo se tratara y como tal me empezó a contar flecos de su existencia.

Se acordaba muy bien de mí haciendo castillos de arena con mis hermanas, de mis hermanos jugando al badmington,  de mis padres, unos críos dándose el primer beso al abrigo de las dunas, de mi abuela, niña aterrorizada por las olas, de mi bisabuela, pintora vocacional que plantaba sus bártulos, aquí mismo, a la altura  de mis manos, y también, de los caballos, que antes del verano, traían unas  casetas de madera (cada familia poseía la suya) donde los bañistas pudieran despojarse de sus ropas engoladas.

 Me habló de  los alemanes que con sus botas de clavos la pisoteaban, del día D en que quedó sepultada bajo cadáveres y teñida de sangre, de los malhechores que encendían fuegos para provocar naufragios y saquear los restos, de las tropas de Guillermo el Conquistador embarcando para hacer suyas las tierras inglesas, de un barco vikingo que encalló justo frente a nosotras. Entre la tripulación, una mujer,  igualita que yo, (¡lo sabría ella que había abrazado su cuerpo agotado por la travesía,  al igual que lo estaba haciendo con el mío en este mismo instante!).

…de todo esto y mucho más me habló  hasta llegar al momento de su nacimiento cuando el mar, después de inumerables embistes, la convirtió en arena.

Del bosque sumergido lleno de leyendas, le hablé yo.  Al terminar mi relato se quedó helada de pena por haber vivido durante milenios dentro de su coraza de piedra, ajena a la belleza del mundo.

Este fue uno de mis sueños aunque si  tengo que serte sincera, estoy segura de que no lo fue.

Un abrazo,

Anne