El grito. Munch.
Los párpados pesaban plomo. Jorge recordó confusamente que la última vez que cerró los ojos, cayó en un hoyo tan vacío, inodoro y silencioso que pensó que estaba muerto. Sin embargo, notaba como el corazón bombeaba sangre a trompicones volviendo a llenar sus arterías resecas.
Al intentar mover las piernas, sin éxito por encontrarse encajonadas, un latigazo de dolor le sacudió el tobillo perforándole el cerebro. La cara le escocía de forma insoportable. Levantó con torpeza el brazo derecho, cruzado sobre el otro encima del pecho. Oyó el rasponazo de la tela del chaquetón encima de una pared irregular. Consiguió acercar la mano a la cara pero no consiguió rascarse, los dedos rígidos se quedaron en suspenso, aflorando la piel, para desplomarse, amorfos, sobre la garganta. Concentró toda su energía en abrir los ojos. Su mirada se volvió bizca al tropezar contra un tejadillo abovedado, de una oscuridad sucia, situado a medio palmo de la cabeza, quebrado a intervalos regulares por delgadas líneas de luz macilenta. Del tejadillo colgaban unos filamentos oscuros. Uno de ellos le cosquilleaba la nariz. Estornudó. El filamento cayó encima de sus labios entreabiertos. Lo apresó con la lengua. La tenía hinchada. Su paladar tardó en reconocer el sabor a madera. Al estar lleno de aristas, lo identificó como una astilla.
Al escupirla, el brazo, que todavía descansaba encima de su pecho, se le antojó una losa comprimiendo la respiración vuelta sibilante. El costado izquierdo no estaba tan pegado a la pared como el derecho. Logró amoldar el brazo en el hueco. La manga del chaquetón debía de estar rasgada, irregularidades del suelo arañaban trozos de piel. Un clic muy fuerte, a la altura de la mano, retumbó en el zulo. Levantó el brazo y al ver un cepo para ratones colgando de la yema de su dedo índice, empezó a temblar. Escorzó la cabeza hacia atrás. Le crujieron las cervicales, exactamente igual que al apoyarlas sobre el reposacabezas del sofá, cuyas patas vislumbraba entre los intersticios de la rejas donde se escurrían los ojos entornados.
Al conocer las dimensiones de la leñera, por haberla llenado de troncos, la falta de aire se hizo más acuciante. Hizo reptar el brazo izquierdo hacia su cabeza, el cepo le rozó la oreja. Sintió la frialdad del muelle enroscarse levemente en el lóbulo para soltarse de inmediato. Con el brazo, colocado en ángulo recto por encima de la calva, empezó a sacudir la reja. Bien atornillada, metió ruido de feralla pero no se movió. El aleteo de la respiración, cada vez más corta e irregular, zumbaba en los oídos alejando el bombeo sordo del corazón alocado.
La estufa debía de estar funcionando, la pared derecha desprendía fuego. El sudor resbalaba sobre la piel, empapaba la camisa, los pantalones, caía en cascada sobre los ojos cerrados. Jorge intentó concentrarse en el vendaval que sacudía las vigas del tejado, en el viento colándose en las ramas, se obligó a proyectarse fuera, a llenar sus pulmones del aire helado de la montaña.
La cabeza empezó a dar vueltas a toda velocidad produciendo ahorcadas. Por la nariz solo entraba un hilito de aire. Jorge abrió la boca muy redonda, como un pez en una pecera sin agua, y entonces, solamente entonces, se acordó de un agujero maloliente desde donde veía manar, complacido, las millones de palabras encerradas en sus libros, aclamadas por vehementes gestos de cabeza.
La imagen en blanco y negro del guardabosques agazapado en la sombra le agarró por el pescuezo. Del cuerpo de Jorge, sacudido por espasmos, empezó a salir un grito de terror al que solo podía poner fin la falta total de oxígeno.
PS: este texto hace parte de una serie de relatos que giran alrededor del concepto del viento, del aire. Como soy un tanto contreras me he decantado por la idea de falta de aire, que además, ¡me venía de perlas para contar esta historia! Los promotores de la iniciativa son micromios y David Silva. Encontrareis los enlaces a sus blogs en mi blogroll.
Adjunto la lista de los participantes:
http://chrieseli.wordpress.com/2010/02/04/entre-las-nubes/
http://emieatworld.wordpress.com/2010/02/05/la-edad-y-la-agricultura/
http://noentiendonada.wordpress.com/2010/02/05/dorotea-y-el-tornado/#comment-359
http://conchahuerta.wordpress.com/2010/02/09/solo-el-viento/
http://cstax.wordpress.com/2010/02/07/idiotas/
http://silvacamache.wordpress.com/2010/02/03/un-regalo-del-viento/
http://micromios.wordpress.com/2010/02/03/el-viento-y-la-furia/

![SELVPO20[1]](http://annefatosme.files.wordpress.com/2010/02/selvpo201.jpg?w=500&h=386)

![amadeo_modigliani[1]](http://annefatosme.files.wordpress.com/2010/01/amadeo_modigliani1.jpg?w=500&h=319)
![Image-7[1]](http://annefatosme.files.wordpress.com/2010/01/image-71.jpg?w=452&h=475)
