La voz de su amo

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Como todos los veranos, el uno de agosto, mi vida se paró como un reloj sin cuerda.
Sentado sobre las patas traseras vi como se alejaba el coche de Lucía. El cuidador tiró de la correa y le seguí cabizbajo preso de una crisis de estornudos. Eran las doce y el sol pegaba duro sobre la explanada. A la sombra del albergue el sudor se convirtió en un sayo helado: las jaulas estaban adosadas entre sí, en diez filas de diez, orientadas al oeste y separadas por calles de cemento. La mía tenía vistas al campo. Me tumbé dispuesto a disfrutar del paisaje. Bajo la luz incandescente, unos rastrojos se extendían en olas pardas hasta un bosque de pinos de troncos calcinados. Unas latas de refresco abandonadas hirieron los ojos con reflejos de acero. Me refugié en la penumbra del habitáculo. Una palangana rebosaba croquetas. Sabían a plástico, las zampé todas. Hinchado como un globo me desmoroné en el suelo. Olía a desinfectante. Abatido, empecé a observar a mis dos vecinos a través de los barrotes que nos separaban:
A la izquierda, un Doberman de musculatura densa me estudiaba con mirada ladeada erguido sobre sus patas delanteras. Me encogí como una bola sintiéndome más caniche que nunca.
A la derecha un San Bernardo, hirsuto, con propensión al sobrepeso, me miraba sin verme. Bostezó dejando escapar un hedor a alcantarilla. Metí el hocico entre las patas concentrándome en el olor familiar de mis lanas. Me hice muy pequeño hasta caber entero en la gruta delimitada por la curvatura de las patas y la bóveda del cuello. Al calor del aliento, el espacio oscuro se iluminó de recuerdos:

Las aceras rebosantes de olores. Los castaños del Retiro sombreando las estatuas. El rojo de sus hojas crujiendo en otoño bajo las patas. Las migas de barquillo, atrapadas al vuelo en un brinco acertado, cosquilleando el paladar. La alfombra desgastada, Brahms, Lucía, su voz recitando a Lorca, su perfume, sus dedos acariciándome entre las orejas.

En un suspiro calcule que más de cuarenta mil pringosos minutos me separaban todavía de mi vida con Lucia.

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